Opina Radio Clarín
El clásico de ayer se saldó con el score Nacional 1 Peñarol 0. Fue un partido más en una rivalidad centenaria: un partido que esta vez se jugó en el estadio Campeón del Siglo, únicamente con presencia de la hinchada de Peñarol. Para evitar incidentes, se aplicó la regla que se ha hecho costumbre en estos años: jugar al fútbol con una sola hinchada, prohibiendo que los adversarios vayan y griten. Con eso –insistimos- se quiso evitar trifulcas en las tribunas y en la salida. El encuentro se desarrolló normalmente pero al finalizar, mientras los parciales aurinegros debían esperar unos minutos para que se retirara el ómnibus con la única delegación tricolor permitida, empezaron a maltratarse los hinchas con los policías y llovieron las pedradas respondidas con balas de gomas En síntesis: se jugó sin hinchada del tradicional adversario, pero ni siquiera esa ausencia bastó para impedir la batalla campal en que terminó el cotejo. A falta de nacionalófilos, un grupo de peñarolenses sin frenos y sin conciencia la emprendió duro contra la policía. Y no sólo eso: algunos parciales lanzaron pirotecnia dentro de la tribuna, y la investigación primaria evidenció que los fuegos artificiales se habían ocultado en una






