Opina Radio Clarín
La atención de nuestro país se concentra hoy en el Campeonato de Fútbol, que como juego, atrae a muchos; y que como esperanza de victoria, anida en todos. Sí: en el fondo de cada uno de nosotros, late la verdad histórica de que nos erguimos como campeones en 1924 en Colombes, en 1928 en Amsterdam, en 1930 en nuestro Estadio Centenario y en 1950 en la hazaña de Maracaná. Late la verdad histórica de que si queremos, podemos hasta con los que son mucho más grandes y fuertes que nosotros. Viven en nosotros sentimientos de cariño y gratitud hacia los grandes forjadores de los triunfos pasados: José Nasazzi y Obdulio Jacinto Varela; Juan Alberto Schiaffino, Alcides Edgardo Ghiggia. Se nos juntan con los grandes recientes que nos emocionaron con victorias memorables: son los grandes cuya ausencia de la selección todavía nos interroga y nos duele: Forlán, Cavani, Luis Suárez. Para los uruguayos, el fútbol es una esencia aglutinante. En torno a la camiseta celeste se conmueven no sólo los hinchas y los seguidores, sino también los indiferentes y hasta los desencantados. Los inmigrantes -que en sucesivas oleadas nutrieron a nuestro país con ideas, costumbres y palabras nuevas- se sintieron uruguayos






