Opina Radio Clarín
Hace hoy cuatro años, Rusia invadía a Ucrania. Dada la diferencia de fuerzas entre los dos países, todo parecía indicar que lo que se desataba era una guerra de cuatro días. Pero se está cumpliendo ya cuatro años, Rusia ha sufrido mucho más bajas y pérdidas que lo que pudo prever; y Ucrania está destrozada, pero su gobierno y su pueblo siguen en pie, resistiéndose a aceptar que se le ampute territorio en el acuerdo de paz para firmar el cual recibe toda clase de presiones. Ucrania llega exhausta a este cuarto aniversario de su luto diario. Su resistencia ha sido sacrificada y heroica. Correlativamente, la actuación de la Organización de las Naciones Unidas ha sido nula, deplorablemente nula. El bochorno no es sólo para la ONU como organización. Es una vergüenza para la civilización del siglo XXI, ya que exhibe sin ningún poder la quiebra de los tratados internacionales, del sueño de Paz Perpetua que plasmó Kant, del humanismo de la Ilustración y, a la vez, la violación descarada del mandamiento de no matar. No es la única guerra y no es la única afrenta, pero es la que más nos ofende por absurda. Desde nuestro Uruguay, a más







