Opina Radio Clarín
Un edificio del casco histórico de Montevideo, que hasta hace unos años lucía limpio, estaba ocupado por familias y en la planta baja explotaba casas de comercio atendidas por sus dueños, se convirtió en noticia al ser desalojado por haberse convertido en un refugio de delincuentes. Fue un edificio elegante y, en los papeles, tiene un alto grado de protección patrimonial. A pocos metros de la Corte Electoral, a la vuelta del Café Brasilero y en la cuadra donde fueron tradicionales los Juzgados Civiles y ahora están los Juzgados de Trabajo, se había convertido simplemente en un tugurio. En el cuarto piso funcionaba una boca de venta de drogas. Fuentes policiales dijeron al diario El País que allí se escondían muchos de los delincuentes que robaban y rapiñaban en el barrio. La Policía ya lo tenía identificado. Contaba con grabaciones de cámaras de video vigilancia que mostraban a delincuentes refugiándose en el edificio, pero no contaba con la autorización de la Justicia para ingresar… y mientras tanto, los comerciantes tenían que encararse con los vendedores de pasta base y la cuadra entera se había vuelto peligrosa para cualquiera que pasara por allí. Pero lo grave no era sólo la delincuencia






