Opina Radio Clarín
Hoy se conmemora el Día Mundial de la Justicia Social, establecido por las Naciones Unidas para renovar anualmente el compromiso de aplicar a la vida y el trabajo, los ideales de justicia y fraternidad, humanizando para todos la lucha económica. Cuando todos los días nos golpean toda suerte de desgracias –desde guerras infames hasta retracción del empleo y despidos masivos- es imprescindible que levantemos la mirada hacia los grandes lineamientos que deberán salvar la civilización. Hace tres décadas, en 1995, los Estados Miembros de la ONU subrayaron que la erradicación de la pobreza, la lucha por el empleo pleno y productivo y por el trabajo decente para todos, son los pilares –inseparables entre sí- del desarrollo social. En esas tres décadas, se han registrado avances significativos en la reducción de la pobreza, la educación y la cobertura de la protección social, pero la precariedad del mercado laboral –especialmente marcada en nuestro Uruguay y la disminución de la confianza en las instituciones siguen obstaculizando el desarrollo inclusivo y sostenible. Por eso, debemos fortalecer la coherencia de las políticas en su dimensión económica, social y ambiental, reforzar la cooperación multilateral y restablecer el ideal de justicia por encima de las doctrinas económicas







