Opina Radio Clarín
Desde hoy al domingo, León XIV estará en el Uruguay. El gobierno de nuestra República lo recibirá con honores de Jefe de Estado. Es lo que corresponde porque nuestro Estado es laico y no otorga prerrogativas a los dirigentes de ninguna religión. Pero el Papa no viene por los temas de un gobernante cualquiera. No llega en busca de negocios ni para gestionar un alineamiento internacional dentro de un mundo descangallado, manchado en sangre por las guerras. El Papa viene a predicar el Evangelio, transmitir fe y proponer un gran “Levántate y anda” para los católicos, para los evangélicos, para los practicantes de religiones no cristianas… y también para los ateos y los agnósticos. Lo esencial es que el Papa viene a hablarnos. La prensa internacional subraya que el Uruguay es el país más laico de nuestra América del Sur. Eso es verdad, ya que nuestro país separó al Estado de la Iglesia cuando –hace más de un siglo- aprobó la Constitución de 1918. Pero también es verdad que el Uruguay desde hace años tiene una creciente sed de desarrollo espiritual. Los hechos nos muestran que las visiones pragmáticas de funcionalismo materialista pueden servir para explicar muchas cosas, pero no





