Opina Radio Clarín
Invitado por el embajador de Estados Unidos, Lou Rinaldi, el presidente Yamandú Orsi abordó un avión para visitar el portaviones nuclear Nimitz, que navegaba cerca de nuestras costas. El Nimitz es una estructura que está en servicio desde 1975, que, en el pasado, fue utilizado como plataforma de despegue para aviones que participaron en las guerras de Irak y de Afghanistan. La visita al portaaviones ha recibido críticas en el orden constitucional y en la apreciación gremial con signo político. El numeral 11 del artículo 85 de la Constitución dispone que es competencia del Senado y la Cámara de Representantes, reunidas en Asamblea General, “permitir o prohibir que entren tropas extranjeras en el territorio de la República, determinando, para el primer caso, el tiempo en que deban salir de él.” En la medida en que un avión militar, integrante de las escuadrillas de un portaaviones de guerra –tan luego nuclear- pueda considerarse “tropa extranjera”, la observación constitucional resulta fundada. Y aun en caso de que se dude si un avión militar de un país en guerra puede calificarse como tropa extranjera, parece claro que habría sido mucho mejor que el Poder Ejecutivo hubiera pedido autorización parlamentaria para el ingreso del






