Opina Radio Clarín
En el pasado fin de semana se inició la primera visita de un Papa a España en más de 15 años. León XIV habló para los católicos, que lo aclamaron en multitud por las avenidas de Madrid. Pero afirmó conceptos y defendió valores que no son una exclusividad del catolicismo: conceptos y valores que merecen meditación y adhesión de los cristianos de otras denominaciones y también de los laicos y los ateos. Desde la perspectiva abierta y plural de nuestro Uruguay, no debe pasar inadvertido el llamamiento del Papa a “entramar una sociedad renovada donde la cultura custodie la memoria y favorezca el diálogo”. Con esas palabras, defendió el valor de las tradiciones y afirmó el valor de la libertad de conciencia, sin la cual el diálogo resulta imposible. Todos sabemos que la Iglesia Católica vivió etapas de intolerancia, con persecución a los herejes, cadalso para las brujas y anatema para los que no aceptaban ciertos dogmas. Todos recordamos cómo Galileo Galilei fue obligado a retractarse de su afirmación de que la Tierra se movía y todos conservamos el recuerdo liceal de las Cruzadas y las guerras de religión, en las cuales se moría y se mataba por asuntos indemostrables






