Opina Radio Clarín
Con 47,03 % para Flavio Bolsonaro y 45,16 % para Luiz Inacio Lula Da Silva, el pueblo brasileño se pronunció en las urnas. Más allá de que la diferencia es estrecha y más allá de que las encuestas daban más probabilidades a Lula que a su opositor, lo primero que debemos destacar es que los comicios se cumplieron en paz, después de una campaña electoral efectuada en libertad, cuyos resultados se computaron y se conocieron con una rapidez ejemplar. Con Jair Bolsonaro preso por intentar un golpe de Estado, su hijo Flavio –con experiencia política propia- logró el apoyo de casi medio Brasil; y otros miembros de la familia –algunos sin experiencia- lograron escaños legislativos con sólo agitar como bandera el apellido Bolsonaro. El pronunciamiento final llegará en la segunda vuelta, a cumplirse en tres semanas. Gane quien gane, hay que hacer votos por el respeto a la libertad de expresión y por la fecundidad del diálogo político. La polarización acusatoria e insultante no le hace bien a ninguna nación civilizada. Crispa, aísla y ensombrece el destino de los pueblos que quedan prisioneros de la rechifla de unos contra otros. Ninguna corporación de intereses y ninguna ideología merecen que los





