Opina Radio Clarín
Las Academias Nacionales de Ingeniería, Ciencias, Medicina y Economía realizaron un foro para analizar la situación de la educación matemática en Uruguay. Las conclusiones no son novedosas. Matemáticas tiene fama de difícil, opera como un límite y sobrevuela como un fantasma. Lo sabemos por la experiencia escolar, liceal y universitaria desde hace cincuenta o setenta años. A eso, que ya conocíamos, el grupo académico le agregó un penoso diagnóstico sobre las distancias y brechas socioeconómicas que se producen por la dificultad para el aprendizaje de los niños y jóvenes criados en contextos sin base suficiente. Frente al terror hacia las matemáticas, se yergue el pensamiento lúcido de Roberto Markarian, ex rector de la Universidad de la República, que ha proclamado que “No hay que odiar la matemática, sino que hay que quererla”. Markarián, integrante de la Academia Nacional de Ciencias, pone énfasis en la necesidad de trabajar desde edades tempranas para evitar el rechazo hacia la ciencia de los números. Llama a combatir la idea de que las matemáticas son difíciles y que, es natural tropezar en ellas. Tiene razón el distinguido catedrático. Saber matemáticas hace falta no sólo para estudiar ciencias duras, para ser ingeniero o arquitecto o informático.






