Opina Radio Clarín.
EDITORIAL 737 martes 07.07.26 Opina Radio Clarín. En los octavos de final de la Copa del Mundo 2026, la selección de Bélgica eliminó a Estados Unidos por 4-1. El resultado sepultó en goleada la condenada injerencia que el Presidente Donald Trump movilizó –y la FIFA aceptó- para hacerle perdonar la tarjeta roja a su astro Folarin Balogun., que jugó como titular pero no pudo con los aguerridos belgas. El viejo dicho rioplatense de que Dios no quiere cosas chanchas recobró toda su fuerza: el señor Trump consiguió de su amigo Infantino suprimir los efectos de la tarjeta roja, pero a las 24 horas el 4 a 1 dejó a Estados Unidos –nada menos que al anfitrión- afuera del Campeonato, tan luego con la vergüenza de haber gestionado un fraude al deporte. El episodio será recordado como una anécdota de este Mundial deslucido… pero no es una anécdota sino una parábola, ya que afirma, recuerda y simboliza. La maniobra fue descarada y sucia hasta el límite del cinismo, pero –como en los buenos cuentos infantiles- el Bien triunfó sobre el mal, y la ilícita inserción de Balogun no sirvió más que para certificar que Estados






