Opina Radio Clarín
La fuga de Flavio Bolsonaro sigue dando que hablar, porque está llena de implicancias sórdidas y en sí misma contiene un mensaje negativo para la convivencia democrática. Sobre el tema reflexiona Carlos Pagni en La Nación de Buenos Aires, señalando que “La pésima relación entre Javier Milei y Luiz Inacio Lula da Silva empeoró todavía más en las últimas 24 horas”, ya que “la agresividad pasó de la retórica a la acción. Con el dispositivo montado para facilitar la fuga de Flavio Bolsonaro, el gobierno argentino decidió desconocer a la Justicia brasileña. Bolsonaro tenía prohibido salir de su país por una orden del controvertido juez Alexandre de Moraes. Desde el punto de vista técnico existe un atenuante: el responsable de que ese mandato se cumpliera era el sistema migratorio brasileño, no el argentino. Pero no se puede desconocer que el conflicto escaló hasta una estribación sin antecedentes, ya que las autoridades argentinas no se limitaron a dejar pasar a Bolsonaro: además, lo ayudaron a escaparse.” Y agrega el editorialista: “La decisión de la Casa Rosada no debería sorprender. No tanto por su enemistad con las autoridades de Brasil. Es más determinante su subordinación a las estrategias de los Estados Unidos.





