Opina Radio Clarín
El 19 de abril de 1825, hace 201 años, los Treinta y Tres Orientales desembarcaron en la playa de La Agraciada y juraron liberar a la Banda Oriental de la dominación brasileña o morir en la demanda. La revolución independentista se había iniciado con la Batalla de Las Piedras, el 18 de Mayo de 1811 y había quedado tronchada en 1820, al irse Artigas al Paraguay a vivir su exilio definitivo. La Banda Oriental se convirtió en la Provincia Cisplatina, perteneciente primero a Portugal y después al Brasil. Para terminar con esa dominación, cruzaron desde Buenos Aires los 33 Orientales, en un esfuerzo admirable en todas sus facetas. Nuestros 33 no planearon su proeza con tecnología ni logística que los sostuviese. Se reunían en la sastrería Pérez y Villanueva, al costado sur de la Plaza de Mayo, donde el encargado era el oriental Luis Ceferino de la Torre. Desde ese modesto comercio, abrazaron la misión enormísima de liberar el suelo patrio un puñado de hombres sencillos, inspirados por el fuego interior de la libertad republicana que les habían inculcado las Instrucciones de Artigas. En esa travesía en barcaza, sus nombres nacieron al protagonismo histórico. Se llamaban Juan Antonio Lavalleja, Manuel






