Opina Radio Clarín
La muerte de Ruben Rada nos ha unido a los uruguayos en la admiración y el cariño entrañable por su figura. Músico vocacional, empezó siendo memoria y silbido, se identificó con el candombe que le brotaba de la sangre y se elevó a la universalidad clásica cuando Federico García Vigil escribió el inmortal poema que lleva precisamente el título “Variaciones sinfónicas sobre un tema de Rada”. Ruben Rada encarnó el sueño nacional de la criatura humana que nace en la pobreza, crece luchando y lucha creciendo hasta pisar fuerte en el podio de los triunfadores, pero sin dejar de ser el hijo del barrio y sin aceptar que el triunfo se suba a la cabeza con los humos de una clase social diferente. Rada recogió en el Caribe ecos de ritmos exógenos –desde la plena a la guaracha, desde el jazz al rock- y supo amalgamarlos con fidelidad a las raíces del candombe montevideano, sublimándolo para las nuevas generaciones. Llevando la sensibilidad popular pegada en su pecho, Rada recogió y expandió la siembra candombera de Romeo Gavioli, Alberto Castillo, Lágrima Ríos, Alberto Dogliotti, en una campaña artística cuyos rasgos quedarán indelebles en el alma de su pueblo. El Presidente Orsi






