Opina Radio Clarín
Sin duda alguna, ofrecernos como “hub” -centro de conexiones y actividad- para la Inteligencia Artificial- es una iniciativa plausible y hasta natural para nuestro Uruguay. Tenemos experiencia informática, y hay rubros de la tecnología en los que hemos estado a la cabeza de la región. Por tanto, facilitar el “hub” para traer inversiones parece un proyecto económico razonable… y sin embargo, hay que tomarlo con pinzas, porque en temas de la Inteligencia Artificial –igual que en el resto de la vida- no todo es ganancia material y, con total franqueza, no es oro todo lo que reluce. Un despacho de Singapur –polo de un desarrollo que fue milagroso en el Sudeste asiático- nos informa que “las acciones vinculadas a la inteligencia artificial, el lunes pasado se desplomaban en todo el mundo, después de que los líderes de las principales empresas del sector advirtieran sobre los riesgos derivados de esta tecnología”, entre los cuales el principal peligro es que “la humanidad termine perdiendo el control sobre su propio futuro”. En verdad, desde que apareció la primera robótica estuvo en el horizonte la posibilidad de que el hombre, metido a aprendiz de brujo, crease un monstruo capaz de destruirlo a él mismo.





