Opina Radio Clarín
Ya estamos al borde del Día de la Madre, celebrado como un rito anual en todos los segundos domingos de mayo, Es fecha de almuerzos grandes, de visitas y, sobre todo, de regalos, que cada uno compra con lo que tiene en el bolsillo o lo que le queda como saldo libre en la tarjeta de crédito. Pero la madre es mucho más que los almuerzos, las visitas y los regalos. Por lo cual el Día de la Madre, si bien se lo mira, no debe limitarse a un acontecimiento comercial que todos los años logra altos picos de ventas. El Día de la Madre merece rescatarse para el valor auténtico de la maternidad, origen carnal y espiritual de cada persona. La madre nos engendró, en su vientre palpitó nuestra primera vida, su voz nos fue familiar mucho antes de nacer y sus arrullos y cuidados le dio forma al bebé que fuimos. La madre fue doctora antes que hubiera médicos y la madre fue influencer antes que los inventara la actual tecnología de lo monstruoso, lo ficticio y lo falso. La madre nos enseñó los sentimientos primarios, nos transmitió los Mandamientos desde su palabra y su ejemplo y se






