Opina Radio Clarín
Desde el viernes pasado hasta el domingo inclusive, el Centro de Montevideo y el ingreso a la Ciudad Vieja vivieron en absoluto desorden vehicular y peatonal. Se colocaron gruesas vallas para impedir el tránsito, incluso a pie, desde dos cuadras antes del lugar donde se iba a trabajar. Fueron desviados los ómnibus. Y nadie pudo ir en orden a su destino, ya que guardias privados se encargaron de que nadie desobedeciera. Al frente y alrededor de la Casa de Gobierno se juntó una impresionante cantidad de equipos. Y todo eso, por una sola causa: la Intendencia de Montevideo entregó esas cuadras para una más de las filmaciones que se realizan en nuestra capital, porque es más barato hacer videos y películas en el Uruguay que en otras ciudades y porque no es caro disfrazar las paredes de nuestra ciudad para que parezca otra. La realidad es que la Intendencia alquila el espacio y habilita desde baños químicos hasta estacionamiento a contramano… a cambio de recibir el precio del arrendamiento. Y la contracara de esa realidad es que, cada vez más, tenemos la circulación restringida y hasta prohibida con motivo de que los espacios públicos se arriendan sin tomar en cuenta






