Opina Radio Clarín
En los cuatro meses y medio que ya han corrido de este año 2026, han proliferado las noticias amargas. En nuestro país, los robos, las rapiñas, las balas perdidas, los asesinatos a mansalva, a veces con niños y bebés entre las víctimas. En el mundo, las guerras, los desencuentros, las amenazas y las brutalidades sin nombre. Todo eso hace que hoy vivamos en una atmósfera mental contaminada por el dolor, por la angustia y hasta por la infamia. Y es a contramano de la pesadez de esa atmósfera que salimos a batallar cada día con nuestro trabajo, nuestros afectos, nuestras debilidades y nuestras enfermedades. Esa batalla es enorme y la libra una multitud de anónimos servidores del bien común. Sin embargo, es una batalla silenciosa, porque no aparece relatada en las crónicas ni retratada en los noticieros. Las crueldades que nos golpean todos los días son, siempre, la obra de criminales minoritarios. En cambio, el bien que nos rodea es el fruto de una gran mayoría de gente buena, que nos sostiene con la limpidez de sus intenciones. La acumulación de dramas y tragedias, junto con los riesgos para la libertad individual que estamos sufriendo hoy, deben inducirnos a tomar






