Opina Radio Clarín
En el Uruguay, ha llegado la hora de despertarnos de la siesta que nos hace creer que vivimos en un Estado de Derecho pacífico y ejemplar. Sigue siendo verdad que en materia de derechos estamos mejor que el vecindario y que el resto de América –desde Estados Unidos a Tierra del Fuego. Pero no debemos contentarnos con mantener instituciones formales en un país hostigado por el crimen narco organizado, donde el delito campea, donde la Justicia de Familia no da abasto y donde los procedimientos penales son una penosa burla a los principios de Derecho y al sentido común. La medida de la debilidad de nuestro Estado de Derecho surge de simples vistazos a la crónica policial. Entre la noche del lunes y la madrugada del martes se constataron tres asesinatos de hombres jóvenes perpetrados con múltiples disparos, en hechos independientes entre sí. Uno ocurrió en Piedras Blancas, donde un joven de 25 años fue acribillado. Otro en el barrio Maracaná –también de nuestra capital- donde hallaron a un joven de 24 años muerto con múltiples disparos en el pecho. El tercero se reportó en el Departamento de Salto. Y en el contexto, siguen las repercusiones de la detención de






