Ayer, durante una transmisión en vivo, un grupo de hombres
encapuchados y armados irrumpió en un canal de televisión de Guayaquil –
la ciudad más grande de Ecuador. Tomaron como rehenes a los presentadores
y a los operadores. Enseguida, se enfrentaron a tiros con la policía.
Ese acto de violencia televisada en vivo se perpetró mientras Ecuador
estaba sumido en el caos, después que se fugó un jefe narco y se desataron
levantamientos en varias penitenciarías, algunos presos secuestraron y
amenazaron de muerte a los guardias mientras otros presos se fugaron
masivamente.
La policía detuvo a los asaltantes del Canal y logró liberar a los rehenes,
pero el caos obligó a cerrar los comercios, las escuelas y las oficinas públicas y
privadas.
Hasta anoche, se contabilizaban al menos ocho muertos en los
episodios violentos de Guayaquil, donde cinco hospitales fueron atacados y se
produjeron escenas de guerra con explosiones, tiroteos, vehículos incendiados
y saqueos.
El Presidente de Ecuador, Daniel Noboa, declaró el martes la existencia
de un conflicto armado interno y ordenó a las fuerzas armadas “neutralizar” a
dos decenas de grupos identificados como “organizaciones terroristas”
directamente vinculados con el auge del negocio de la droga, que obligó al
gobierno a decretar un estado de excepción y a desplegar más de 3000
oficiales de la policía y el ejército para ubicar al mandamás de la banda Los
Choneros, Adolfo Macías, apodado Fito, cuya fuga detonó el caos, al ser
acompañada por la simultánea insurgencia en cárceles que ya estaban
dominadas por los narcotraficantes.
El resultado es que Ecuador vive hoy bajo orden de toque de queda
nocturno por 60 días, con sus calles y caminos controlados por patrullas
militares, como consecuencia de una larga escalada de violencia que en agosto
pasado llegó hasta el asesinato de Fernando Villavicencio, que era candidato
presidencial en las elecciones que terminó ganando el actual Presidente
Noboa, con la promesa de combatir el narcotráfico.
No hay palabras suficientes para expresar la solidaridad que sentimos
con el pueblo ecuatoriano. Lo azota de modo mayúsculo el crimen organizado,
la drogadicción y el narcotráfico, que son enemigos no sólo del Derecho sino
de la persona humana.
La noble nación de Juan Montalvo –espiritualmente afín a nuestro José
Enrique Rodó- no merece pasar por las durísimas pruebas con que la está
azotando la mafia narcotraficante.
Todos los ciudadanos conscientes –cualquiera sea su credo, su partido
o su militancia- debemos unirnos para condenar la narco-dependencia, que
destruye no sólo el orden público sino las familias y las personas, que
constituimos el pilar fundamental de la vida en libertad republicana.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.