Finalmente fue liberado el señor Fabián Buglione, el ciudadano uruguayo, residente en EEUU, que estuvo desaparecido en Venezuela y finalmente fue ubicado en la cárcel El Rodeo del estado de Miranda, a donde el régimen de Maduro lo aherrojó, totalizando 9 meses de drama para nuestro compatriota, para su pareja venezolana y para su familia toda.
Nuestra Cancillería aclaró que ni negoció ni canjeó nada con el gobierno de Venezuela. Pero las últimas informaciones acreditan que hubo negociaciones, de las cuales participaron EEUU y hasta el Papa.
“Bueno es lo que termina bien” afirma un antiguo proverbio, que sigue siendo válido hoy. Es bueno que el señor Buglione esté demacrado y consumido pero sano y salvo. Es bueno que haya perdido nueve meses de su vida pero haya recuperado su libertad y hoy esté en Estados Unidos recomponiendo sus asuntos. Es bueno que no haya desaparecido para siempre, como tantas veces ha ocurrido en los regímenes dictatoriales de nuestra América. Todo eso hay que recibirlo con un suspiro de alivio.
Pero apenas exhalado ese suspiro de alivio, es nuestra obligación meditar sobre la índole de un sistema que habilita a que un visitante pueda desaparecer por secuestro y luego aparezca en una cárcel , y al cabo de nueve meses de drama termine en libertad sin haber tenido una audiencia, sin haber declarado ante magistrados, sin haber designado abogado: en una palabra, sin haber tenido su día ante la Justicia, como mandan, a la vez, las Constituciones democráticas, las normas internacionales y el sentido común.
El mundo vive horas muy amargas para el humanismo, para la democracia y para la libertad. De estas horas aciagas sólo saldrá si volvemos a las raíces de nuestros principios y si desde esas raíces, condenamos brutalidades como las que sufrió Fabián Buglione, sometido al capricho del gobierno militarizado bajo Maduro que padece Venezuela.
En definitiva, se ha recuperado la libertad de este visitante uruguayo, pero el régimen caraqueño sigue siendo tema para todas las democracias que sienten que la libertad de las personas es un principio cuya vigencia debe vigilarse por encima de las fronteras, porque la autodeterminación pertenece a las personas y a los pueblos y no a los mandones que oprimen a unas y otros.
Por eso, alegrémonos de la vuelta a la vida del compatriota Buglione, pero no bajemos la guardia frente a los sistemas dictatoriales y totalitarios que siguen avergonzando a la condición humana.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.