La fecha de hoy, 30 de julio, pasa inadvertida pero merece reconocimiento como una de las jornadas más altas en la construcción de la República.

El 30 de julio de 1916 –hace 109 años- la ciudadanía fue a las urnas para elegir a sus representantes en la Asamblea Constituyente que iba a sentar las bases del Uruguay que había surgido a partir de la Paz de Octubre de 1904, que dejó definitivamente atrás el tiempo de las revoluciones.

El 1º de marzo de 1915 había terminado el segundo gobierno de don José Batlle y Ordóñez, cuyas reformas económicas y sociales iban a marcar la vida nacional a todo lo largo del siglo XX y del cuarto de siglo ya corrido del presente siglo XXI. Entre los cambios que proponía Batlle al dejar el gobierno, figuraba nada menos que suprimir la Presidencia de la República y reemplazarla por un gobierno colegiado con nueve integrantes. Pues bien: la elección de asambleístas que se cumplió hace hoy 109 años dividió al país en colegialistas y anticolegialistas, y triunfaron los anticolegialistas, es decir, los adversarios del ya ex Presidente Batlle y Ordóñez.

En esa elección, el Uruguay se constituyó en ejemplo ante toda América, al consagrarse la victoria de la oposición sobre las ideas del líder más visible de ese momento.

Y no sólo eso. En seguida del pronunciamiento popular, se iniciaron negociaciones del mejor nivel conceptual, que condujeron a redactar una Constitución ejemplarmente garantista, que recogió una parte del ideario colegialista.

Todo eso lo hizo el Uruguay tan sólo 12 años después de haber terminado la etapa de las guerras civiles, hermanando en las urnas a los que habían sido enemigos en el campo de batalla.

Por eso, la elección de constituyente del año 1916 merece constituirse en símbolo y evocarse como un llamamiento a la paz y el entendimiento del Uruguay actual y futuro, para que podamos dialogar todos con todos, impidiendo que se nos contagien los fanatismos que hoy hacen estragos en naciones de Europa y de América.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.