Un arquitecto falleció instantáneamente, al caer desde el sexto piso de un edificio cercano a terminarse, situado en la calle General Urquiza esquina Presidente Giró.

El hecho se contabiliza como el octavo accidente fatal del año 2025 en la industria de la construcción. La enorme desgracia se convirtió rápidamente en una cifra que, sumada a las anteriores, establece un dato estadístico más.

Por ese camino, vamos acostumbrándonos a los accidentes del trabajo, en la construcción y en la generalidad de las actividades. Es así, en un país donde todo lo recubrimos con una resignación laxa, sin dolor ni indignación en el punto de partida y sin decisión ni acción en el punto de llegada. Poco a poco vamos aceptando el desfile de malas noticias como si fueran hechos inevitables de la naturaleza. ¡Y los accidentes de trabajo no son hechos de la naturaleza! ¡Son obra del hombre, por omisión, por imprevisión o por desatención!

Sí: cuando hay un lesionado o un muerto en el trabajo, necesariamente hay una omisión de la empresa o un descuido del trabajador. Los accidentes del trabajo no se producen sin algún error humano, estrictamente humano…

Por eso, no basta con asombrarnos con las estadísticas que muestran cómo crecen las desgracias laborales.

Hace falta enfrentar la desidia, la liviandad y la imprecisión que campea en nuestro modo de vivir, que se refleja en una excesiva tolerancia y un modo de vivir que, al final, resulta peligroso para nosotros mismos no sólo en la vida laboral, sino también en los accidentes que se producen en el tránsito vehicular y hasta en la vida doméstica.

Por todo eso, es hora de emprender un esfuerzo denodado hacia la precisión del pensamiento y la acción. Y eso exige mucho más que datos estadísticos, reclamos obreros y declaraciones patronales. Exige que nos inculquemos reflexión, pensamiento crítico y voluntad, para aprender a vivir desde una cultura muy superior a la que hoy tenemos.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.