La centésimo vigésima edición de la Exposición Rural del Prado a desplegarse hasta el 14 de setiembre, ha de mostrar los enormes avances de la genética ganadera en nuestro país. Al mismo tiempo exhibirá los portentos de la agricultura, potenciada por la modificación de las semillas, la potenciación de los fertilizantes y la maquinaria que asume cada vez más el trabajo del hombre.
La Expo Prado forma parte de las tradiciones nacionales y eso no debe pasarnos inadvertido. Al revés: en el Uruguay debemos afirmar cada vez más las tradiciones nacionales, ante los peligros y amenazas que se ciernen en un mundo que cultiva una globalización que reduce a los pueblos a común denominador y les rebana su identidad nacional, sus afectos y sus valores.
El Uruguay vivió una larga etapa de desconfianza y oposición entre la ciudad y el campo. Gran parte de esa desconfianza y esa oposición se ha desvanecido. En un proceso de más de un siglo, el Uruguay se unificó en su cultura mucho antes que en su economía.
A nuestra nación la unificaron los empujes del ferrocarril, las escuelas rurales, los liceos del interior, los diarios que viajaban por la ONDA y, sobre todo, la radiodifusión y la televisión –que, antes de modernizarse nuestras carreteras- abrió vínculos y rutas en el corazón y el pensamiento de los orientales.
Esa labor cultural –obra de soñadores y pioneros- no fue el efecto del crecimiento de la economía rural. Al contrario: la cultura fue un factor que hizo crecer los servicios y las exportaciones hasta los altos niveles de hoy, que no se pensaban medio siglo atrás.
Por eso, a la Expo Prado 2025 debemos saludarla y festejarla no sólo como una muestra de la producción agrícola y ganadera, sino como una muestra de todo lo que puede la siembra de cultura, si no se la reemplaza por el entretenimiento y no se la pervierte con pensamientos mórbidos que generan las brutalidades entre las cuales vivimos.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.