En la última semana, volvieron a multiplicarse los homicidios, y todo indica que la comparación del presente año con el anterior va a indicar que hubo más muertes violentas en el corriente 2025.
En esta materia, los números nop mienten pero la sensibilidad tampoco miente. Si todos los días recibimos la noticia de un homicidio o más, y si se acumulan de a cinco o seis como ocurrió en el último fin de semana, no hacen falta planillas Exel ni papeleos burocráticos para darnos cuenta de que en materia de seguridad enfrentamos una etapa deplorable.
No es cuestión de mirar para otro lado, dando por sentado que el menudeo de crímenes proviene de los ajustes de cuentas entre las bandas de narcotraficantes. La repetición diaria de los homicidios se da no sólo en el mundo de las drogas, sino en relaciones de pareja, de trabajo o de vecindario. Y eso indica que el mal no es casual ni está circunscrito a una clase especial de agentes del mal.
En realidad, hay demasiadas armas en manos de demasiada gente descontrolada y agresiva. Sólo así se xplica la saña con que en los últimos tiempos se está asesinando niños, adolescentes y hasta compañeros de trabajo y vecinos, a veces por discusiones banales.
Y no sólo hay armas demás. También hay incultura creciente, por desenfreno de instintos y por pérdida de conciencia de los valores morales y espirituales que deben inspirarnos o, por lo menos, sujetarnos.
El Ministerio del Interior anuncia nuevos enfoques. Ojalá los corone el éxito.
A nosotros nos parece que el tema debería ser una prioridad para el sistema educativo, para los comunicadores y para los medios de difusión.
En definitiva, en el Uruguay, igual que en el resto del mundo, hace falta una militancia genuina por el bien.
Eso no se hace callando ni distrayéndose.
Se hace enseñando a repudiar las agresiones, sosteniendo públicamente el amor al prójimo y repudiando la criminalidad.
Si no encaramos el derecho a la vida con la firmeza debida, lo enterraremos por omisión e indolencia.
Y eso destino no es deseable ni soportable para la sensibilidad uruguaya que debemos sustentar siempre, por encima de los datos, las estadísticas y las explicaciones.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.