Hoy, lunes 22 de setiembre, en todo el Uruguay se celebra el Día de las Maestras y los Maestros.
Con ello, se rinde homenaje a quienes se dedican a una de las labores más trascendentes, entre las muchas funciones valiosas que se desempeñan en el vasto taller de la sociedad.
Enseñar es educar corazones, es abrir mentes, es orientar, es inspirar. Es darle bases y cimientos a la ambición material, a la ilusión artística y a la esperanza filosófica.
Hoy está de moda un funcionalismo olvidadizo que busca atender sólo el minuto presente, y para eso llena de bruma los recuerdos y los principios y llena de angustias y miedos al porvenir. Pero por encima de esa moda, por encima de la bruma y los miedos, siguen resonando las voces de los docentes que nos enseñaron verdades permanentes, que nos asentaron las raíces culturales desde las cuales crecimos y que nos prepararon para la vida.
En nuestro país hace años que la enseñanza es fuente de noticias gremiales, especialmente por reclamos presupuestales. Pero la misión magisterial tiene importancia para el destino común, mucho más allá de lo gremial. Tuvo importancia siempre, y mucho más la adquiere ahora, cuando nuestro hermoso y admirado país es una isla de tres millones y medio de habitantes que debemos erguir nuestros valores y nuestra libertad, en un mundo de 9.000 millones de habitantes donde muchos gobiernos poderosos están en manos de extraviados que deshumanizan no sólo la guerra, sino también la paz.
Por todo eso y mucho más, homenajear en su Día a las Maestras y los Maestros es levantar la mirada hacia los ideales en que confluyó la República cuando, hace 150 años, siguiendo los ideales de José Pedro Varela y Elbio Fernández, generó una enseñanza pública laica, gratuita y obligatoria.
Homenajear a los Maestros es reconocer que la pedagogía contiene, y debe contener, una filosofía de la persona, que en el mundo es base de los derechos humanos y en el Uruguay es cimiento anterior a la Constitución, recogido en el texto de la Constitución misma.
Por todo eso, nos conmovemos con las voces nunca apagadas de los maestros que nos siguen hablando en nuestras conciencias. Y brindamos por las nuevas generaciones del Magisterio nacional, que tienen la ardua tarea de enseñar a pensar, a niños y adolescentes distraídos por tecnologías hechas para entretener y vender, pero no para formar y vivir.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.