Ayer se cumplieron dos años de la irrupción terrorista de Hamás en Israel, que dejó 1.200 muertos, atrapó a más 300 rehenes y desplegó una ferocidad pocas veces vista en la historia moderna de la humanidad.
La conmemoración estuvo dominada por exhortaciones a la paz, provenientes de los cuatro puntos cardinales, que subrayaron el ansia mundial para que termine la guerra de exterminio en Gaza, cuya población no sólo sufre la muerte y la desolación propia de la guerra sino, además, el aislamiento y la estrangulación por hambre, debida a que Israel ha cerrado los canales para el ingreso de alimentos y de ayuda humanitaria.
En medio del clamor mundial, hace diez días el Presidente Donald Trump lanzó una iniciativa de paz. Israel la aprobó de inmediato. Hamás demoró una semana en pronunciarse, y en estas horas sigue reclamando garantías para Gaza, como si no hubiera sido el propio terrorismo de Hamás lo que provocó las oleadas de masacres que conmueven al mundo pero dejan impertérritos a sus protagonistas.
Las negociaciones indirectas, que se cumplen en Egipto entre Israel y Hamás, tienen el signo de la total desconfianza entre las partes y recuerdan el viejo refrán de que “el diablo está en los detalles”. Nada garantiza que el diálogo -que debía ser de no más de cuatro días según Trump- no se esrire semanas y meses, prolongando el desangrarse y el hambre de una población civil exhausta, ajena a los manejos y fanatismos de sus dirigentes.
Para el sentimiento uruguayo sobre lo universal humano, el tema no es semitismo antisemitismo, triunfadores ni derrotados: el tema es que la guerra es un crimen y que la continuación de la guerra es una vergüenza para la humanidad.
Frente a las exigencias de los sentimientos y frente a los principios humanitarios, no es admisible que se sigan buscando vericuetos para que los horrores de la guerra sigan envenenando el clima moral y el destino de la criatura humana.
Desde los conceptos uruguayos sobre lo humano, en una época en que las comunicaciones son abiertas e instantáneas, las infamias de la guerra no son admisibles ni en Medio Oriente ni en Ucrania ni en ningún rincón del planeta.
Por eso, como personas y como país, debemos reforzar y enriquecer las ideas a partir de las cuales vivimos, ampliando las bases de nuestras convicciones y asumiendo la valentía de decirlas en voz alta, con la certeza artiguista de que “Con libertad ni ofendo ni temo”.
Porque a la vista de las brutalidades que cometen los poderosos, debemos saber, cada vez mejor, cuánto vale vivir en paz y cuánto valen las filosofías que buscan la paz y no justifican las matanzas.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.