Al acudir a la Comisión de Presupuesto del Senado, la señora Fiscal de Corte Mónica Ferrero declaró que, en el atentado que sufrió hace un mes en su domicilio, no la mataron “por 15 centímetros» y señaló que esa clase de ataques puede recibirlos uno cualquiera de los protagonistas de la vida política.
En su comparecencia ante los senadores precisó que las esquirlas de la granada que arrojaron en el interior de su casa se expandieron hasta donde ella estaba descansando.
Al mismo tiempo, advirtió sobre la gravedad de la situación que está viviendo el país con el crimen organizado y señaló que el riesgo es no sólo para los políticos sino también para los periodistas que trabajan en la cobertura diaria de los temas de la delincuencia mayor, advirtiendo que en el Uruguay no se dimensiona el poder de las bandas narcos y sus métodos de ataque.
Así como apoyamos sin ambages a la Fiscal Ferrero cuando atentaron contra ella, ante estas declaraciones subrayamos la importancia y la necesidad de que no caigan en saco roto. En el Uruguay somos perezosos y hasta indolentes ante los peligros, y creemos que ciertas desgracias no son para nosotros. La vida nos ha demostrado que todos los peligros son para todos, para todos nosotros… como personas y como nación.
Por tanto, debemos saber que el Estado de Derecho debe defenderse con el imperio de la ley frente al delito.
Para eso, hagamos cada vez más sensible y eficaz a nuestra policía y a nuestra Justicia, sacándola de las trampas en que la enreda el actual Código del Proceso Penal.
Y tengamos presente que frente al crimen tenemos dos herramientas de batalla primordiales: una es la educación y la otra es la actitud.
Debemos recuperar la fe en la educación, debemos asegurar la siembra de sentido crítico en todos los niveles y debemos trabajar para forjar espíritu de honradez, en vez de dejar que crezca la admiración por el poder del dinero y las armas, que invade cabezas y destroza vidas.
Al mismo tiempo, debemos restablecer el valor público de la honradez y la valentía, de manera que la conciencia de cada uno sea una valla infranqueable ante el crimen organizado, lo mismo en los encumbrados que en los humildes, lo mismo ante las cámaras y micrófonos que en la intimidad de las vidas sin ruido.
En definitiva, las sociedades se corrompen si las personas se dejan corromper.
Y eso no es para el Uruguay que queremos y debemos ser.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.