La multinacional UKG es una empresa de Massachusets, Estados Unidos, que hace tres años y medio desembarcó en el Uruguay ofreciendo soluciones de software para el procesamiento informático de recursos humanos. Empezó con 40 empleados y creció hasta llegar a 300.

Hasta hace pocas semanas, UKG anunciaba proyectos de expansión- Pero, lamentablemente, el martes pasado los directivos, por sorpresa, informaron que la empresa se va del Uruguay.

Al cerrar UKG, se suprimirá una fuente de trabajo con alto valor tecnológico, que se ufanaba de promover y exportar el talento uruguayo.

Se cumplirá así el “ciclo golondrina” que reiteran muchas sucursales de empresas extranjeras. Llegan con bombos y platillos, invierten capital y conocimientos, anuncian expansiones, pero al cabo de pocos años –en este caso, apenas tres años y medio- levantan la tienda y se marchan del Uruguay con armas y petates

UKG ha dicho que ese ciclo lo cumplirá en orden, pagando los despidos y las prestaciones que la ley manda.

Pero los pagos legales no impedirán que su salida abrupta deje en el país los huecos y las heridas de una frustración más, porque para los trabajadores “su” empresa de alta tecnología no es sólo una fuente de dinero: es una proyección de su talento, un marco para su persona y un proyecto para su vida.

Por esa razón, y muchas más, será muy bueno que en el Uruguay dejemos de cultivar la ilusión de crecer gracias a la inversión extranjera y, en cambio, nos aboquemos a aplicar el talento nacional –que existe y vale- a emprendimientos nacidos de nosotros mismos.

Para eso, hay que acabar con el prejuicio de que el Uruguay no puede; y hay que profundizar el esfuerzo y hay que echar a volar la imaginación, porque sin esfuerzo ni imaginación los pueblos no desarrollan ni el capitalismo ni el socialismo.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.