Nos llegó diciembre, el mes de la Navidad y el Año Nuevo y con ellos el mes de hacer balances personales, familiares, laborales y cívicos. ¿Qué fue de cada uno como persona? ¿Y qué fue de todos como pueblo con identidad de nación? ¿En qué rumbos acertamos y en cuáles le erramos y debemos rectificarnos?
A lo largo de estos años, hemos venido acostumbrándonos a recibir noticias, evaluaciones y balances de la economía en cifras. Tanto nos acostumbramos, que en la época actual hasta medimos en números la seguridad y la vida, sumando robos y crímenes con la frialdad indiferente de quien arma una planilla Excel.
Pero vivir humanamente no es, ni será nunca, sólo un asunto de cantidades y porcentajes. Vivir humanamente es partir de hondos sentimientos de apego, de entrega y de amor al prójimo. Vivir humanamente es cultivar esos sentimientos a través del esfuerzo por ver claro, pensar claro y aplicar la voluntad a metas inmediatas y a ideales permanentes.
Vivir humanamente no es leer en libros y panfletos cómo PODRÍA mejorarse “la sociedad” sino vivir desde la decisión personal y colectiva de ascendernos a la mejor versión de nosotros mismos.
Por eso y por mucho más, no debemos componer el balance de fin de año y las perspectivas para 2026 únicamente con el Producto Bruto Interno, el presupuesto, el 6 % para los jubilados, la baja de las rapiñas y el aumento de los asesinatos. Ni las personas ni los pueblos nos reflejamos en series de números, porque la verdadera estatura de cada individuo y cada núcleo –lo mismo un barrio que un país entero- la da la dimensión moral de sus ideales y de la voluntad que cada uno ponga su servicio.
Por todo eso, y por los dolores de la actualidad nacional, regional y mundial, necesitamos menos balances de lo que fue y más claridad y esfuerzo rumbo a lo que deberá ser, para que como personas sintamos la alegría de vivir y como pueblo cultivemos las esperanzas del nacer y el renacer, creciendo y multiplicándonos en vez de ser cada vez menos.
Así lo siente y por eso lucha Radio Clarín.