La agencia Standard & Poor’s confirmó la calificación soberana de Uruguay en ‘BBB+’ —dos escalones por encima del grado inversor— con perspectiva estable. El reporte destacó el fortalecimiento de la credibilidad del Banco Central y la continuidad de la política económica tras el cambio de gobierno, de Lacalle Pou a Orsi.

Es un honor y una alegría que una calificadora de riesgos con la autoridad de Standard & Poor’s nos reconozca como país estable, capaz de pagar sus deudas, sin remezones económicos ni políticos. Pero no debemos engolosinarnos, porque el mismo dictamen que nos reconoce méritos, señala que nuestro Uruguay tiene pendiente un conjunto de desafíos fiscales estructurales, que deberá enfrentar con crecimiento económico para el cual se pronostica moderación y estancamiento, lo que puede afectar el perfil crediticio del país.

Standard & Poor’s señala que más del 80% del gasto total se concentra en remuneraciones, pasividades e intereses, lo que deja poco margen de maniobra al gobierno para realizar ajustes significativos sin afectar compromisos sociales y políticos de largo plazo.

A esta rigidez se suma la indexación del gasto, especialmente en salarios y pasividades, un mecanismo que funciona como un amortiguador social pero que dificulta la reducción del déficit cuando se enlentece el crecimiento económico y los ingresos tributarios no aumentan al ritmo esperado. Además, la estructura demográfica del país —con una población envejecida que presiona el sistema previsional— refuerza la inercia del gasto.

El diagnóstico de Standard & Poor’s deja en claro que Uruguay se encuentra ante un equilibrio desafiante: mientras el crecimiento se estabiliza en niveles moderados, las rigideces fiscales obligan a una corrección gradual que dependerá tanto de decisiones políticas como del ritmo de la economía.

Si el gobierno logra combinar un mayor dinamismo de la inversión con avances en la consolidación fiscal, el país podría mejorar su perfil crediticio en los próximos años. De lo contrario, debemos prever que un deterioro persistente del déficit o un crecimiento inferior al previsto llevarán a que nos bajen la nota para endeudarnos.

Por tanto, más que ponernos traje de fiesta para celebrar que nos aprueban como deudores, parece claro que debemos enfundarnos en ropa de fajina para mejorar algo más que la capacidad de conseguir préstamos: debemos aumentar nuestro esfuerzo por mejorar la calidad de nuestro trabajo, sin esperar tanto de afuera como de nosotros mismos.

Al fin de cuentas, la economía es el resultado de la cultura; y nuestro Uruguay tiene excelentes bolsones de excelente trabajo, pero tiene pesadas rémoras de imprecisión, pereza y falta de preparación para luchar por la vida. Y eso requiere inspiración y planes por encima de calificadoras externas y discrepancias internas.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.