El Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos –la OEA- realizó una sesión extraordinaria en su sede de Washington, para “considerar los acontecimientos recientes registrados en la República Bolivariana de Venezuela”.
Allí el Uruguay reiteró su rechazo a la intervención militar de un país en territorio de otro; y abogó por “una salida pacífica a la crisis venezolana”.
A todo esto, en Europa creció la preocupación ante el propósito, anunciado por el gobierno de Donald Trump, de anexar Groenlandia, que hasta ahora es territorio autónomo perteneciente al Reino de Dinamarca. Ese propósito no parece ser sólo una bravuconada verbal del Presidente Trump, puesto que aclaró que maneja todas las opciones, incluyendo la fuerza militar.
La situación no da para distraernos ni nos autoriza a mirar para otro lado. Los anuncios de Trump y de su entorno no pueden tomarse a la ligera, ya que -en este, su segundo gobierno, las palabras suelen seguirse por acciones inmediatas, sin miramientos jurídicos y sin reparos por la imagen de gobernante.
La realidad es que estamos ante un grave deterioro de la convivencia internacional. Ese deterioro ha sido precedido por décadas de liviandad, en que se predicó y expandió el relativismo, la indolencia y el “no te metás”, con lo cual hoy no asoman líderes con alta filosofía ni surgen partidos con enjundia doctrinaria.
Pero ni las bravatas del gobernante estadounidense ni la indiferencia y pasividad de esta época nos habilitan a desertar de nuestra humana responsabilidad de enfrentar ataques a las normas más elementales.
Al fin de cuentas, nuestra misión en la vida es hacernos eco de lo mejor y no lo peor.
Por eso, las naciones con poderío deben colocar en su lugar las ambiciones expansionistas del Presidente de Estados Unidos.
Y por eso, el Uruguay debe mirarse a sí mismo y dialogar consigo mismo, hasta encontrar puntos de inflexión que le permitan ponerse de acuerdo, de modo que los pronunciamientos nacionales representen a nuestra ciudadanía sin fisuras.
Lo que ocurre en estas horas es demasiado grave como para no sentir el llamamiento a la unión de todos los uruguayos, en torno a los valores nacionales que inspiran nuestro modo de estar en el mundo.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.