La visita a China del Presidente Yamandú Orsi junto a una nutrida comitiva pública y privada deja enseñanzas, con independencia de los buenos acuerdos comerciales que haya de deparar para nuestro Uruguay.
El solo hecho de que un gobernante que fue ungido por la izquierda viaje a las antípodas acompañado cuerpo a cuerpo por una delegación de empresarios y directivos de compañías nacionales y trasnacionales, confirma que el Uruguay recorre un camino abierto, que en las alturas no practica la guerra de clases: un Uruguay que en la vida práctica, tiene a muchos compitiendo pero no excluye ni al dueño del capital ni al que aporta trabajo.
A la vista de la confusión reinante y a la polarización que se acentúa en vías irresponsables, es necesario –más aun, es imperioso- detenernos a valorar cuánto vale el inmenso bien de tener un país que no se gobierna con insultos ni descalificaciones y que practica el diálogo y la tolerancia entre ideas e intereses, a pesar de que el mundo se enardece y a veces el lenguaje se crispa demás.
Aun decaído en su cultura y en su diálogo político, el Uruguay sigue siendo una República sin perseguidos, un sistema de justicia social fundado en la ley y un lugar de encuentro abierto al diálogo por encima de rencillas y apetitos.
Ese fue el país que definió la Constitución desde 1918, redactada y votada cuando terminaba la Primera Guerra Mundial y se asomaba la revolución bolchevique. Y ese sigue siendo el país de libertad que, a pesar de todo, somos y queremos seguir siendo.
En estos tiempos de atrocidades mundiales, por encima del costo y las críticas, sigue siendo un milagro que un país de paz busque negocios y no crímenes de guerra.
Por ese milagro, debemos alzar lo mejor de nuestra alma.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.