La globalización y la interdependencia de las relaciones exteriores provocan que hoy por hoy, un conflicto que ocurre al otro lado del mundo tenga efectos palpables en las lejanías y hasta en las antípodas.
Los coletazos más evidentes e inmediatos se dan en la economía. Las distorsiones más previsibles se proyectan en la reconfiguración de las fuerzas en juego dentro de la política internacional.
Por eso, enseguida de desatarse la carnicería en Irán y Medio Oriente, empezaron a llover las noticias sobre el aumento del precio del gas y del petróleo como consecuencia mecánica del estrangulamiento bélico del Estrecho de Ormuz. Y por eso, la alineación de los países occidentales rápidamente ha dejado de constituirse en bloque homogéneo y presenta matices, que van desde el apoyo a la iniciativa bélica de Estados Unidos e Israel hasta el “no a la guerra” que pronunció España.
El presidente del gobierno de la Madre Patria, Pedro Sánchez, ha dicho en estas horas: “La posición de España es la misma que en Ucrania o en Gaza. No a la quiebra de un derecho internacional que nos protege a todos. No a resolver conflictos con bombas. La posición española se resume en cuatro palabras: no a la guerra”.
El presidente español ha definido que el Gobierno repudia el régimen de los ayatollah, pero también repudia a la guerra, porque apuesta a la diplomacia. Y ha señalado que “algunos dirán que eso es ingenuo”, pero lo realmente “ingenuo es pensar que la solución es la violencia”, por lo cual –en respuesta a las amenazas de bloquearle el comercio, proferidas por Donald Trump- declaró que no van “a ser cómplices de algo que es malo para el mundo por miedo a las represalias de alguno”.
Y agregó algo que todos debemos tener en cuenta: “No estamos solos, el Gobierno está con quienes tiene que estar, con los valores de la Constitución, de la Unión Europea, con la carta de la ONU, con la paz. Y millones de personas en todo el mundo están con la paz”.
Entre esos millones de personas que están por la paz, debemos adquirir militancia y relieve nosotros los uruguayos, que sabemos y sentimos que los males de las guerras no se midan en precios del petróleo ni en alineaciones de fuerzas, sino en vidas, sufrimientos y tragedias con rostro de prójimo y dimensión estrictamente humana.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.