El Presidente de EEUU, Donald Trump, ha exigido la rendición incondicional de Irán.
En respuesta, las autoridades religiosas Iraníes –en un cónclave de unos 40 sacerdotes musulmanes- eligieron a un nuevo Ayatola, pero no dieron a conocer quién es ni dónde está.
Y en retruque a esa designación, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, proclamó en nombre de su gobierno: “Vamos a matar al nuevo Ayatola, y vamos a matar también a todos los que participaron en la designación del nuevo ayatola”.
A esta clase de disparates conduce la escalada de locura que provocan las guerras, y muy especialmente este incendio de Medio Oriente que ya involucra a una veintena de países.
En el mundo, nadie que esté en su sano juicio puede acompañar esta manera de hacer la guerra, violando todas las obligaciones del Derecho Internacional y atropellando hasta las normas de guerra que prohíben los crímenes con selección de víctimas.
Y aquí en nuestro Uruguay, este modo de enfrentamiento sólo puede y debe producir horror, ya que estremece las fibras más íntimas de nuestra relación con los semejantes. Fue abrazando ideales espirituales de humanidad que nuestro país diseñó su identidad en las Instrucciones del Año XIII, diecisiete años antes de conseguir su independencia. Y fue anticipándonos a la Liga de Las Naciones y a las Naciones Unidas que, en 1907, en la Conferencia de La Haya, don José Batlle y Ordóñez nos prestigió ante el mundo al afirmar, con su habitual rotundidad, que “ya que tantas alianzas se hicieron para la guerra, bien se haría en pactar una alianza para la paz”.
Con esos antecedentes, los orientales debemos deplorar y condenar la guerra, no sólo porque provoca atrocidades de muerte y destrucción, sino, además, porque suscita pensamientos crueles y perversos, que los gobernantes profieren sin inmutarse, por ebriedad de poder mortífero.
Como seres humanos y como ciudadanos, no debemos medir las consecuencias de esta guerra en riesgos para el precio del petróleo, sin reparar en algo mucho más grave y mucho más costoso, pues se está retrocediendo 200 años en el Derecho Internacional y se está violando el milenario mandamiento No matarás.
Así lo siente y así afirma Radio Clarín.