El pueblo uruguayo nunca ha sido indiferente a las peripecias de la vida institucional argentina. Ideas, inspiraciones, nombres y luchas se han entremezclado en todas las etapas de la historia de una y otra margen del Río Uruguay y el Río de la Plata.

Por eso, este 24 de marzo de 2026 no puede sernos indiferente: se conmemora medio siglo del derrocamiento de María Estela Martínez, viuda de Perón, perpetrado por un golpe militar que entronizó la dictadura más cruel y sanguinaria que haya conocido la Argentina y que haya regido en Sud América.

Más allá de las polémicas sobre el número de desaparecidos y de las discusiones sobre los relatos flechados, es una verdad irrebatible que el régimen militarizado que instauró el Gral. Videla merece repulsa y condena, mucho más allá de las militancias políticas y las ideologías económicas.

Ninguna teoría de la economía y ninguna finalidad revulsiva puede justificar la persecución, el encarcelamiento y el asesinato a mansalva que se hizo moneda corriente en la dictadura que se formalizó hace hoy 50 años, en una Argentina que ya estaba asolada por los crímenes de la Triple A dirigida por López Rega, el último brujo en que creyó el matrimonio Perón: una Argentina donde, apenas dos meses después del golpe, iban a ser cobardemente asesinados Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini, víctimas de las repugnantes colaboraciones que estableció el mal llamado Plan Cóndor.

La conmemoración encuentra al país hermano inmerso en las singularidades del lenguaje y las inspiraciones de un Presidente que dialoga con los perros y se ató a Donald Trump, el gobernante que ha logrado la mayor degradación que ha sufrido la democracia en Estados Unidos.

Si eso es sensible para la República vecina y hermana, mucho más negros son los nubarrones del mundo, ensangrentado por las atrocidades de las guerras, que constituyen crímenes colectivos en los que los derechos humanos se atropellan tanto o más que lo que los pisoteó la dictadura del General Videla. En la guerra se aísla, se hambrea, se hiere y se mata a los inocentes… y no hay pretexto que valga para justificar esas canalladas.

Por eso, al evocar el horror que enlutó al Río de la Plata más que lo que ya lo enlutaba la dictadura que nos amordazaba desde el 27 de junio de 1973, nos estremece el alma del mundo criminalizado en que estamos mal viviendo hoy.

Un mundo que a los uruguayos nos compromete a resistir y a luchar por la libertad, en la plaza pública y en todos los rincones de nuestra vida.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.