Como se esperaba, el Intendente de Montevideo, Mario Bergara, presentó al Poder Ejecutivo una propuesta ingenieril para agilizar el tránsito del área metropolitana sin necesidad de cavar un túnel a lo largo de la avenida 18 de Julio para uso exclusivo de los ómnibus.

Formalizada la presentación, el Presidente de la República, Yamandú Orsi, descartó el proyecto de hacer una zanja de seis metros de profundidad a lo largo de los tres kilómetros que median entre la Plaza Independencia y el Obelisco.

Los montevideanos debemos recibir la noticia con un enorme suspiro de alivio. Despedazar 18 de Julio durante dos años para que los ómnibus ganen seis u ocho minutos más que un proyecto parece un chiste sin gracia.

La ciudad ya soporta los problemas de las veredas rotas, la basura, la suciedad y la proliferación de drogadictos mal durmiendo, como para, además, infligirles a los ciudadanos dos años –o más- con el tránsito cortado y asestarle un golpe más al ya aporreado comercio del Centro y el Cordón.

La ciudad necesita nuevas miradas de los gobernantes y nuevas actitudes de los habitantes. Montevideo es una capital hermosa desde la costa agreste del oeste a la costa sofisticada del este; y es hermosa también desde el sus rincones rurales hasta sus barrios urbanizados, enmarcados por un sistema de viviendas populares que es, y debe ser, orgullo nacional.

Pero todo lo bueno que Montevideo ha acumulado en su historia de 300 años está hoy opacado por grandes temas que no hemos logrado resolver. Si a esos grandes temas resolviéramos sumarles convertir a 18 de Julio en una grieta que costaría cientos de millones de dólares, obtendríamos un premio internacional a la insensatez urbanística.

Por eso, y mucho más, cabe felicitarnos de que el Presidente Orsi haya coincidido con el Intendente Mario Bergara, salvándonos de un proyecto que habría sido simplemente absurdo.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.