La NASA concretó el lanzamiento de Artemis II, la misión que marca el retorno de los viajes tripulados a la Luna después de 53 años. La aventura técnica y científica asombra por lo que es y estremece por lo que anuncia, ya que esta travesía destinada a circunvalar a la Luna es un experimento previo a instalar al hombree en el desierto lunar y habilitar viajes interplanetarios, empezando con un ya proyectado viaje a Marte.
El viaje a la Luna cumple un sueño: un sueño, que inspiró miles de años del esperanzado jadeo humano por aprender, explorar y expandirse. Es una obra mayor que es una más entre la inmensa suma de obras mayores que el esfuerzo humano construyó a punta de sueños que vencieron a los fracasos.
Esta expedición, como las anteriores de su género, se presenta como un prodigio tecnológico y como una prueba del poderío de los Estados Unidos, pero antes y por encima de la tecnología y el poderío es una muestra más del valor del pensamiento riguroso aplicado a la reflexión. Y sobre todo, es una prueba más de que la criatura humana puede realizar sueños tan atrevidos como vencer la gravedad y empezar a adentrarse en los cielos.
Dolorosamente, esta aventura hacia la Luna coincide con una etapa trágica en la cual los portentos de la informática se están usando -en Ucrania, en Medio Oriente- para matar a distancia, con drones y misiles teledirigidos para perfeccionar el modo de matar en guerras sin gloria, sin valentía y sin alma.
Así como la condición humana puede sentirse orgullosa por los logros de la inteligencia que la llevan a la Luna, debe sentirse avergonzada y escarnecida por la capacidad de daño que sigue cultivando el hombre cada vez que se convierte en fiera que destroza a sus semejantes: en la guerra, y no sólo en la guerra, sino en cualquier esquina donde se asalta, se apuñala y se asesina.
Por eso, el entusiasmo por la empresa ciclópea de orbitar la Luna, debemos sentirnos avergonzados por los crímenes que nos muestran la pérdida de sentimientos y el extravío del pensamiento que colocan, a la humanidad entera, a merced de criminales mundiales y delincuentes barriales, penosamente hermanados por su desprecio al prójimo y por la ceguera con que violan el mandamiento No matarás.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.