Un californiano solitario logró entrar en el hotel Hilton de Washington y asomarse al salón donde el Presidente Donald Trump asistía a la cena de gala anual con los corresponsales extranjeros acreditados en la Casa Blanca.

Enseguida del primer disparo, los servicios de seguridad hicieron su tarea: Trump y señora fueron puestos a salvo, los asistentes fueron evacuados y el atacante quedó detenido; y por lo que se sabe, todo indica que actuó solo, impulsado por odio hacia la actuación del Presidente.

La realidad es que, tras consumar la seducción electoral que lo consagró Presidente por segunda vez, Donald Trump ha perdido pie en las decisiones internas e internacionales, pero en un país que tiene un Parlamento independiente los gobernantes deben responder ante los legisladores, según manda la Constitución.

El mandato del Presidente de una democracia como Estados Unidos debe concluir en vías constitucionales: cumpliendo el plazo para el que fue elegido o interrumpiéndose ese plazo mediante juicio político cumplido según establece la Constitución.

El atentado se frustró sin lesionados y las fuerzas de seguridad fueron felicitadas por su actuación en el episodio…, pero dejaron a la vista un fracaso en la vigilancia que indica una debilidad inadmisible en una potencia mundial.

Esa debilidad interna, sumada a las protestas por la política económica y a las justificadas resistencias que la guerra contra Irán provoca –tanto por motivos humanitarios como por razones económicas- ha terminado de certificar que Estados Unidos ha dejado de ser un modelo mundial de democracia.

Por lo cual, las naciones que, como el Uruguay, no son potencia pero no quieren encerrarse en la impotencia, están llamadas a construir caminos propios, que les aseguren la paz, la libertad y los derechos por fuera de las desviaciones, agresiones y desgracias que viene sumando el actual gobierno estadounidense.

Construir caminos propios nos impone pensar en diálogo tan respetuoso como honesto y ambicioso, usando la libertad como método para crear nuestro propio modelo, en vez de aceptar idearios importados que nos encierran en colonialismos mentales que no nos deparan nada bueno.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.