A una joven argentina le robaron su moto cuando entraba a su casa, en San Martín, Provincia de Buenos Aires. El asaltante la amenazó y ella le entregó el vehículo.
La escena es tan repetida, que no sería noticia si no fuera que el rapiñero huyó con la moto… y a los pocos segundos tuvo que abandonarla, porque recibió un choque eléctrico que no lo mató pero lo volteó, con lo cual la joven recuperó el vehículo que acababa de serle robado.
Las redes sociales están mostrando que el buen final del pésimo momento se debió un dispositivo que la joven –de nombre Déborah- llevaba en su muñeca, llamado Shockbag, diseñado para instalarse en un objeto y que, al activarse mediante una suerte de reloj pulsera, emite una descarga eléctrica para que el delincuente lo suelte. “No hace falta que [la moto] esté en marcha. El dispositivo se alimenta con una batería propia. En una cinta que está puesta [en el asiento], hace una descarga de 6.000 voltios que no son mortales, pero hacen soltar lo que se tenga en la mano”, explicó Déborah..
El inventor de Shockbag es uruguayo. Se llama Ariel Míguez Torres. Recientemente declaró que la idea le surgió cuando él estaba ligado al ámbito musical y escuchaba cómo a los músicos les robaban los instrumentos. Lo que hizo fue no resignarse y ponerse a pensar.
En realidad, inventó un mecanismo electrónico que parece tan valioso como práctico, y, además, confirmó que siempre hay lugar para la inventiva uruguaya y que ante lo que se siente injusto o indebido, no hay que resignarse sino pensar, buscando y creando.
Detrás del invento del señor Míguez Torres hay toda una lección de filosofía práctica, que tiene raíces en nuestras mejores tradiciones y que debemos rescatar especialmente en esta época, dominada por la admiración a la informática que llega de afuera, pero necesitada del pensamiento vivo que debe seguir naciéndonos desde adentro.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.