01.09.26
Opina Radio Clarín.
Sobre el asalto a la sucursal Pando del Banco de la República, ocurrido el 24 de agosto, el Dr. Pablo Caffarelli –joven y talentoso abogado- en su columna de Opinar volcó observaciones que no merecen pasar inadvertidas.
El delito se perpetró a sólo siete cuadras de la Comisaría, cuyos efectivos llegaron recién 20 minutos después que recibieron el aviso de que al BROU lo estaban asaltando. Y esa demora y la lentitud de todo el operativo se debió a que en las horas previas a la Noche de la Nostalgia, los servicios de vigilancia se aprestaban a ordenar el tránsito y controlar el consumo de alcohol y drogas, con lo cual en la calle prácticamente no había policía.
El problema fue –dice el Dr. Caffarelli- que mientras el Estado organizaba su gran operativo para controlar a quienes podían convertirse en un peligro por conducir alcoholizados o bajo los efectos de alguna sustancia, en Pando había otro grupo de personas que estaban organizando su propio operativo de seguridad, con bastante más precisión que la policía.
El asalto “tuvo bastante poco de improvisación. Los delincuentes sabían lo que iban a hacer. Conocían el lugar. Tenían un vehículo de alta gama cuyo color habrían modificado para no llamar la atención, llevaban los rostros cubiertos, tenían “miguelitos” preparados para una eventual persecución y realizaron el movimiento en pocos minutos.” Además, “el resultado económico fue de una magnitud que llama la atención para una sucursal bancaria de una ciudad del interior”. Sí: lo robado fueron 10 millones de pesos, 70 mil dólares y 90 mil euros.
“A pesar de que chocaron y tuvieron que cambiar de vehículo y debieron esperar quince minutos para desaparecer, los rapiñadores pudieron fugarse… no porque hubieran descubierto una ruta secreta de escape, ni porque fueran un comando internacional sino, en ese día, la mayor parte del aparato destinado a la seguridad estaba concentrado en preparar el operativo de la Noche de la Nostalgia.”
Como la vida nos transcurre con pocas sorpresas y muchas repeticiones, terminamos acostumbrándonos a tomar las desgracias y los delitos como hechos de la naturaleza. En vez de asombrarnos y en vez de indignarnos, dejamos pasar y seguimos con nuestros temas, sin detenernos a reflexionar y valorar –y menos aun, a planificar.
Pero ante fracasos como éste, debemos preocuparnos todos por reclamar cambios, mejorar el alerta y fortalecer la lucha de la ley contra el delito.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.