Un sargento del Ejército, conduciendo a contramano porque estaba drogado, atropelló de frente a una señora de 60 años que iba en su motocicleta a trabajar. La víctima, próxima a jubilarse, falleció enseguida de llegar al hospital. La tragedia ocurrió en una zona populosa de Las Piedras, en el cruce de Dr. Enrique Pouey y Carmelo Colman.

Investigando este horror, apareció otro: junto al sargento, iban tres adolescentes del INAU. Dos de ellas tienen 14 años y la tercera 17. Esta última fue internada en una clínica, porque se le detectaron muestras de consumo e indicios de estar siendo explotada sexualmente.

Al indagarse al militar retirado, las cámaras del Ministerio del Interior mostraron que el militar estaba en una casa junto a otro hombre con las tres menores; por lo cual se presume que en el interior de la vivienda, además de tomar alcohol, consumieron drogas, y no se descarta que ellos mimos hayan abusado o explotado sexualmente a las jóvenes.

Este crimen por drogadicción ocurrió en Las Piedras.

Un estudiante de medicina atacó con un cuchillo a una compañera en el Anexo de la Facultad de Medicina, infiriéndole dramáticas lesiones en la cara. Los compañeros de liceo del agresor –que tiene solo 19 años- hicieron público que ya desde el liceo agredía y acosaba hasta niveles insanos, y ayer mismo se supo que tiene diagnosticada esquizofrenia.

Desgracias como éstas nos conmueven y nos indignan. Pero hay explicaciones que a fuerza de repetirse nos están exigiendo mucho más que estremecernos y condenar: nos reclaman reflexionar, profundizar y responder con filosofía al vaciamiento moral donde se cruzan, cada vez más, las enfermedades mentales con la drogadicción, y en esa cruza le arruinan la vida a gente mayor que va a trabajar y a gente joven que va a estudiar.

No basta hablar de salud mental ni basta dejarle el tema a los especialistas. Hace falta que, como nación y como opinión pública, hagamos renacer un humanismo que busque lo mejor y lo más alto, en vez de dejarnos caer en la inacción frente a las conductas repudiables y repugnantes.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.