Al referirnos el martes al asesinato –ocurrido en Las Piedras- de una señora que iba a su trabajo por un drogadicto que circulaba a contramano llevando en su vehículo a tres chicas del INAU de las cuales abusaba y al horrorizarnos con el ataque a cuchilladas perpetrado en el anexo de la Facultad de Medicina, dijimos que no basta con estremecernos y condenar.
La seguidilla diaria de atrocidades llama a profundizar. Más aun: exige responder con filosofía al vaciamiento moral donde se nos están cruzando, cada vez más, la angustia como epidemia, las enfermedades mentales, la drogadicción y el vaciamiento moral de la República.
No basta hablar de salud mental. No lleva a nada embanderar las protestas con la ideología de género ni con la lucha de clases. Tampoco lleva a nada dejar el tema a los especialistas, porque la decadencia que sufrimos es una enfermedad sistémica que abarca y afecta a todo el cuerpo social.
Ante esa desgracia colectiva, ante esa decadencia, no estamos ya para esperar de los demás. Ni la sociología inventada por Comte hace 200 años ni el psicoanálisis sistematizado por Freud hace más de 100 años ni la tolerancia legal al consumo personal de psicotrópicos, ni los ensayos con economistas de derecha y de izquierda, ni el relativismo ni ninguna de las modas ensayadas, nada, absolutamente nada de todo eso logra sujetar la expansión del mal en un país que ha dejado de exaltar el bien, porque le han hecho creer que se ha dejado embaucar con que nada vale y todo es igual.
Como nación, como personas y como opinión pública, tenemos el deber de buscar lo mejor y lo más alto, sin resignarnos a vivir en decadencia cada vez más regresiva.
Al fin de cuentas, se trata de restablecer el modo humano de encontrarnos con el prójimo, antes de saber qué religión profesamos y qué partido votamos.
Sí: de lo que se trata es de no traicionar nuestra condición de gente que queremos ser gente.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.