En estos días se ha divulgado que los datos uruguayos del Latinobarómetro 2026 reflejan un escenario de creciente insatisfacción de la ciudadanía con los métodos y los resultados de la gestión de la República.
El 64% de los uruguayos considera que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, pero el 73% entiende que el Estado hace poco o nada por la gente y el 76% -las tres cuartas partes- declara no sentirse representado por el Parlamento., lo cual es grave.
Y más grave aún es que, si bien Uruguay continúa entre los países de América Latina con mayor apoyo a la democracia, los indicadores muestran un descenso respecto a períodos anteriores.
Según explicó, entre 1995 y 2015 el respaldo a la democracia en Uruguay se mantuvo generalmente por encima del 75%, pero en la medición del presente año 2026 ese índice bajó al 64%.
El sociólogo Ignacio Zuasnabar advirtió que este fenómeno convive con una creciente frustración por la persistencia de problemas que la ciudadanía espera que el sistema político resuelva. A su entender, la alternancia de gobiernos no ha logrado revertir ese malestar, en un contexto en el que la ciudadanía reclama resultados cada vez con más insistencia y mayor urgencia.
La explicación es válida, pero a nuestro juicio no debemos conformarnos con sólo explicar los porcentajes, porque en los temas de la vida pública la misión de los ciudadanos no es explicar y justificar los males colectivos sino enfrentarlos, corregirlos y revertirlos.
Muchos años viviendo con enfoques crudamente deterministas y materialistas forjaron sucesivas campañas electorales con poca imaginación, pocos ideales y pocas esperanzas. Es tiempo de darnos cuenta de que perdimos la sana costumbre de abrazar metas y perseguir sueños colectivos. Es tiempo de confesar que como ciudadanos, hemos bajado la guardia.
Y en realidad, es tiempo de rectificar rumbos, devolviendo a la democracia el vigor que sólo le imprime la lucha de ideas con amplia participación de los ciudadanos.
En otras palabras: es tiempo de volver a aprender que, como nos enseñó Artigas, nuestro destino depende de nosotros mismos.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.