El Ministerio del Interior informa que en los últimos nueve meses, los homicidios llegaron al récord de 312.

312 homicidios en 270 días arrojan un promedio de más de uno por día. Sí en el Uruguay, como si fuera el pan que se pide en el Padrenuestro, tenemos confortablemente instalado el crimen nuestro de cada día.

Las crónicas dicen que esos 312 homicidios “se distribuyen en 97 asesinatos durante el primer trimestre, 104 en el segundo semestre y 111 en el tercero”.

Analizadas esas cifras, la conclusión es más alarmante aun, ya que más de la mitad se originan en ajustes de cuentas entre bandas rivales y, además, se constata que el número de homicidios aumenta de trimestre en trimestre: la cifra creció más de 7 % entre abril y junio y volvió a crecer otro 7 % entre julio y setiembre. Y en conjunto, la comparación con el mismo período del año 2025, el total de los asesinatos subió de un año a otro nada menos que 13 %.

Ahora bien. Aunque los números nos marcan evidencias y nos impactan, mucho más debe dolernos la decadencia cultural que los provoca. En el Uruguay construido como Estado de Derecho –y por tanto, sensible- repugna convivir con la criminalidad en aumento y asquea saber qué grado de poder y de impunidad han conseguido las bandas narcos.

Nuestro drama no se mide en números. Se mide en calidad humana rebajada, se mide en degradación aceptada, se mide en decadencia.

Por eso, antes que buscar responsables políticos en un Ministerio del Interior que ha fracasado bajo gobiernos de distintos signos, lo primero que debemos encarar es abandonar la resignación y la pasividad, y enrolarnos todos en la batalla cultural que requiere la República, en defensa de la persona, en defensa de la calidad moral de la vida y en defensa de la salud pública, y muy especialmente en defensa de la educación que les debemos a nuestros niños, agredidas por el consumo de estupefacientes.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.