La fuga de Flavio Bolsonaro sigue dando que hablar, porque está llena de implicancias sórdidas y en sí misma contiene un mensaje negativo para la convivencia democrática.
Sobre el tema reflexiona Carlos Pagni en La Nación de Buenos Aires, señalando que “La pésima relación entre Javier Milei y Luiz Inacio Lula da Silva empeoró todavía más en las últimas 24 horas”, ya que “la agresividad pasó de la retórica a la acción. Con el dispositivo montado para facilitar la fuga de Flavio Bolsonaro, el gobierno argentino decidió desconocer a la Justicia brasileña. Bolsonaro tenía prohibido salir de su país por una orden del controvertido juez Alexandre de Moraes.
Desde el punto de vista técnico existe un atenuante: el responsable de que ese mandato se cumpliera era el sistema migratorio brasileño, no el argentino. Pero no se puede desconocer que el conflicto escaló hasta una estribación sin antecedentes, ya que las autoridades argentinas no se limitaron a dejar pasar a Bolsonaro: además, lo ayudaron a escaparse.”
Y agrega el editorialista: “La decisión de la Casa Rosada no debería sorprender. No tanto por su enemistad con las autoridades de Brasil. Es más determinante su subordinación a las estrategias de los Estados Unidos. Es lógico que Bolsonaro haya iniciado su fuga recién cuando los funcionarios de Donald Trump terminaron de autorizar su recepción en Miami. Los libertarios argentinos prestaron apoyo logístico a esa jugada internacional.”
Este juego de fuerzas, denunciado en la primera plana de uno de los mayores diarios del mundo en lengua castellana, no puede dejarnos indiferentes a los uruguayos, no sólo porque somos un país construido desde los principios de libertad, respeto a la soberanía de cada pueblo y obediencia al Derecho nacional e internacional.
A todo eso –que es esencial- se agrega que Brasil y Argentina son socios nuestros en el Mercosur, cuyo valor institucional y comercial sólo puede recibir daño a partir de las insolencias del presidente argentino pronunciadas contra Lula en territorio brasileño, a las que ahora se suma la complicidad del gobierno de Milei en la fuga de un perdedor desenfrenado.
Los pueblos de América sólo tendrán destino si defienden su identidad cultural, su soberanía política y su sincera vibración con los principios del Estado de Derecho.
Por eso, cuando sobre el continente soplan vientos depredadores, nuestro deber es volver a defender los principios básicos de la convivencia en libertad.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.