El actual Presidente de la República Argentina, Javier Milei, surgió a la vida política al distinguirse como panelista de televisión, por la vehemencia con que defendía sus ideas económicas. Vigorizó su campaña subiéndose a los escenarios como rockero. Y denunciando al kirchnerismo, potenció su figura hasta ganar las elecciones de 2023.
Al asumir, injurió a los diputados y senadores, por darse el gusto de pronunciar su discurso inaugural en la vereda del Congreso, dándole la espalda al edificio: es decir, ofendiendo a los legisladores.
Se le toleró la actitud, a pesar de ser una guarangada mayor hacia las instituciones democráticas. La Argentina y el mundo fueron indulgentes con su rebuscada manera de asumir, igual que habían sido tolerantes con la fe del señor Milei en los diálogos con un perro muerto que lo inspiraría desde ultratumba.
Al poco tiempo de desempeñar la Presidencia, Milei empezó a insultar a los economistas que discrepaban con él, calificándolos como “econochantas”. Enseguida, lanzó andanadas de insultos contra los periodistas que insinuaban errores o denunciaban corruptelas.
La lista de periodistas insultados desde el sillón de Rivadavia supera largamente la treintena, figurando entre ellos los más acreditados de diarios emblemáticos, como La Nación y Clarín. Los denuestos que les aplica el señor Milei son gruesos, con palabrotas infamantes y con expreso llamamiento a odiar al periodismo y a quemar en la hoguera a los más independientes.
No contento con insultar en la Argentina, el singular gobernante sale periódicamente a destratar a los gobernantes de Brasil y de España y a agraviar genéricamente a toda visión socialista, de izquierda o meramente discrepante.
La intolerancia y la persecución signan al actual gobierno argentino no sólo dentro de fronteras sino en América y Europa. No es aceptable que se lo acepte como modelo ni se lo acompañe como reformador, puesto que, en definitiva, insulta no sólo al periodismo, sin el cual no hay democracia, e insulta a los discrepantes, sin los cuales no hay libertad.
Nada de eso es aceptable en ningún país de la Tierra, y menos aceptable es en un pueblo hermano con el que estamos asociados en el Mercosur.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.