En Estados Unidos, los pronósticos electorales de las encuestas acertaron con creces. Los demócratas arrasaron en la votación de medio mandato en una noche fatídica para el presidente Donald Trump.
En un vuelco político realmente esperado, ocurrieron hechos históricos. Un ejemplo entre muchos es lo que sucedió en Texas, un Estado republicano a lo largo de medio siglo. Allí los demócratas triunfaron, imponiendo a una gobernadora hispana –de nombre Gina Hinojosa- y a un senador joven, James Talarico, cuya prédica revive “las entrañas del sueño americano” de que ser derecho, estudiar y trabajar duro permitirían vivir bien.
Otro ejemplo del vuelco histórico de ayer es el ingreso al Senado estadounidense del médico Abdul El-Sayed, hijo de inmigrantes egipcios, elegido en el Estado de Míchigan y que va a ser el primer senador musulmán en la historia de Estados Unidos.
El vuelco no se dio sólo en Texas ni sólo en Michigan, sino en el electorado todo, con lo cual el Partido Demócrata logró el control total del Senado y la Cámara de Representantes, llamando a ponerle coto al modo autocrático y desenfrenado de hablar y decidir con que Donald Trump ha ejercido el gobierno en los 22 meses de su segunda presidencia.
Al inferir una derrota histórica al estilo nacional e internacional que aplica el señor Trump, el pueblo estadounidense ejerció su derecho a expresarse, con toda nitidez, a través del sufragio. Con ello le dio, al mundo entero, una prueba más de que, a pesar del refinamiento de las nuevas técnicas para engañar y seducir a través de las redes, el voto castigo renace robusto cada vez que las personas y las multitudes sienten que ha llegado al límite de lo que acepta soportar.
Cuando muchos hablan de que las democracias caen sin esperanzas de aurora, el pronunciamiento estadounidense muestra que la herramienta básica del voto sigue siendo útil y práctica, con una sola condición: que los ciudadanos no se hundan en la resignación y la indiferencia.
Impartida desde la nación que fue una de las cunas de la libertad moderna, esa lección vale para todos. Para los uruguayos, también.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.