jueves 12.02.26
Opina Radio Clarín.
En diciembre ingresó al Senado un proyecto de ley presentado por el senador colorado Robert Silva, que propone instalar la “educación emocional” como política pública prioritaria. El artículo 1° “declara de interés público” la promoción, implementación, evaluación y desarrollo de políticas de educación emocional “en todos los niveles y modalidades […] tanto en el ámbito público como privado”. Ese proyecto está actualmente en trámite en la Comisión de Educación y Cultura.
La iniciativa suena esperanzadora y hasta simpática: en una época marcada por penurias afectivas, silencios y alto porcentaje de suicidios, parece natural que se enseñe lo que ahora se llama “gestionar las emociones”. Más aun. En un mundo donde cada vez se habla con más preocupación de la salud mental de los gobernados y hasta de los gobernantes con mayor poder económico y militar, suena lindo que el Estado se proponga impartir educación sentimental.
Pero a pesar de que el propósito sea loable y nos caiga bien, cabe un reparo fundamental: la Constitución de la República manda formar personas dueñas de sí mismas y ciudadanos con deliberación propia, y eso obliga a reservar los sentimientos para la esfera privada, íntima, sin que ninguna política de Estado y ninguna profilaxis de salud mental habilite a que los gobiernos o los educadores nos digan qué emociones podemos sentir y cuáles no.
Vivir en un país libre debe seguir siendo una experiencia por cuenta propia. Por eso, no es bueno que en medio de un mundo que nos agrede diariamente con las persistentes noticias de sus brutalidades y sus canalladas, apostemos a formatear las emociones con programas más o menos oficiales.
Hace falta lo contrario: estimular y acrecentar el mundo de nuestros afectos y nuestros sueños, profundizando en los mensajes milenarios y actuales de la poesía, la música, la filosofía y la conciencia de lo universal.
En definitiva, una buena formación filosófica –con autores difíciles o con refranes pegadizos- es un camino mucho más seguro que el de la oficialización de métodos o escuelas que nos traigan técnicas para bancar las emociones, en tiempos donde todo lo humano es agredido, reducido o suprimido.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.