Opina Radio Clarín.
Hoy, 14 de Julio, se conmemora la fecha nacional de Francia, que fue fijada a partir de la toma de la Bastilla, episodio ocurrido el 14 de julio de 1789, es decir, hace 237 años.
En esa jornada, el pueblo de París invadió y destruyó la cárcel donde habían estado presos grandes escritores, encabezados nada menos que por Voltaire.
La caída de la Bastilla se constituyó en símbolo del triunfo del pensamiento libre con el cual la Ilustración y el enciclopedismo combatieron al absolutismo, al fanatismo y a los privilegios de los señores feudales.
La Revolución Francesa fue el fruto del florecimiento intelectual y moral que se expandió a lo largo del siglo XVIII, a través de un movimiento radicalmente opuesto a la persecución ideológica, a los abusos de la monarquía y a los privilegios hereditarios.
El lema “Libertad, Igualdad, Fraternidad” no fue acuñado por agencias de publicidad que hace dos siglos no existían. Surgió de las meditaciones y convicciones de pensadores, artistas, hombres y mujeres con amor y respeto por el prójimo.
Esa doctrina sirve y vale también hoy, a condición de que tengamos lucidez y voluntad para reorganizarnos, muy especialmente en la República Oriental del Uruguay, que construyó su identidad en torno a los ideales democrático-republicanos que, aun teniendo raíces en tradiciones españolas como el Fuero de Aragón, maduraron en torno a la doctrina del liberalismo de espíritu preconizada por Francia.
Por esas razones, más allá de diferencias y críticas, sentimos que el 14 de Julio desborda los límites de Francia.
Es que por encima de los hechos, los valores y los ideales valen y tienen mucho para decir a nuestra ciudadanía, que abrazó esos valores y esos ideales para constituirse en nación.
Y que debe volver a abrazarlos hoy con el amor y el entusiasmo que exigen los importantes temas que nos golpean y nos angustian, en un contexto interno débil y confuso y con un entorno internacional desorientado y amenazador.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.