jueves 03.07.25
El Uruguay no está acostumbrado a los fríos que sufre todo el país desde hace una semana, que en las madrugadas se reflejan en temperaturas debajo de cero.
Nos educamos con la idea de que nuestro clima no conocía extremos. Pero hoy, debemos reeducarnos para saber que el cambio climático no era una obsesión de unos científicos imaginativos, sino una realidad que un día iba a llegar y estrangularnos.
Esa reeducación hace falta no sólo para defender la salud propia y de nuestros seres queridos. Hace falta para adoptar una actitud común, colectiva y solidaria, que brinde abrigo cuando hace frio extremo y alivie la deshidratación cuando aprieta el calor extremo.
Al desgranarse las familias, en el Uruguay se ha extendido la costumbre de desentenderse del prójimo. El consumismo ha traído de la mano un individualismo que encierra a cada uno en su propio circuito, cerrando ojos y oídos al sufrimiento ajeno.
Las muertes por frío de los sin techo son efecto directo de la indolencia que nos encierra en nuestra propia cápsula y deja sin atender la salud física y mental de los desarrapados, a veces psiquiátricos, muchas veces drogadictos.
Por eso, merece aplauso que el gobierno redoble el esfuerzo para alojar a los que se acuestan a cielo abierto en medio de un frío glacial; y hace bien el Presidente Yamandú Orsi en hacer del tema una cuestión humana y no un tema para reproches retrospectivos.
Pero eso que se está haciendo bien en estos días, deberá complementarse con una acción de fondo que encare los temas de la miseria callejera, de las vidas arruinadas y de los vecindarios legítimamente asqueados.
Para eso, hace falta convertir el impulso en decisión fuerte y continua, que realice en la vida diaria los principios humanistas que inspiran a nuestra Constitución.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.