En nuestro Uruguay, los accidentes de tránsito aumentan en vez de disminuir. No sólo hieren y matan. Además, son un indicio más de la caída cultural que sufrimos.
En sí mismos, los choques en calles y caminos afectan a miles de familias. Y no sólo impactan “en la sociedad” en abstracto. Golpean el destino de las víctimas que resultan agraviadas por lesiones y mutilaciones. Y golpean los sentimientos concretos de las familias, los amigos y los compañeros de los que mueren por siniestros de tránsito que no son un número más de una estadística, sino una fuente de dramas y tragedias que no debemos pasar por alto.
La realidad es que, a pesar de los esfuerzos institucionales y la severidad de las multas, los accidentes de tránsito se han constituido en una rutina más de las crónicas diarias..
En el año 2024, se registraron en el Uruguay 21.597 siniestros de tránsito, lo cual significó 5 % más que en 2023.
Esos 21.597 accidentes provocaron 27.300 lesionados, que son casi 6% más que en el año anterior.
En promedio, dichos 27.300 lesionados implicaron un promedio diario de 75 personas lesionadas cada 24 horas, es decir más de 3 lesionados por hora.
Y no sólo creció el número de heridos. También subió el total de muertos en 2024: fue 3 % más que en 2023, sumando en el año 434 víctimas fatales: es decir, más de un muerto por día.
Ante la crudeza de estos datos, no basta lamentarse. Hay que encarar la cruda verdad de que debemos reeducarnos todos para transitar: todos, automovilistas y peatones, adultos y niños, cultos e incultos. Debemos reeducarnos todos, porque todos incurrimos en el error de no aplicar los cinco sentidos a la función, importantísima, de desplazarnos en móviles o a pie.
Sí: el celular repiqueteando, la conversación animada, la preocupación profunda y los pensamientos que no se controlan… todo eso y mucho más forma un mosaico de descontrol y distracción, que convierte en fatal cualquier minuto de nuestro deambular.
Al Uruguay le hacen falta decisiones generales, firmes, que inculquen principios en todas las generaciones.
El tránsito es un capítulo más de lo mucho en que deberemos perseverar si queremos revertir los déficits de orientación y conducta que nos achatan el destino no sólo en el tránsito vehicular sino en tránsito de nuestra vida entera.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.