En materia de seguridad y garantías, el mundo siempre fue inestable, pero por lo menos tuvo etapas de avance y afianzamiento: etapas que, por cierto, no son las actuales, ya que el año 2.025 muestra retrocesos, fracasos y amenazas por doquier.

Asomarse a la vida internacional es una obligación impuesta desde que, hace cinco siglos, los viajes de Colón y Magallanes demostraron que la tierra es redonda –o mejor dicho, esférica. Pero esa obligación resulta cada vez más tormentosa, confusa y hasta incomprensible.

El libre comercio es una preocupación generalizada, que ha motivado acuerdos, tratados y compromisos de toda índole. Ahora nos enteramos de que la decisión personal –dictatorial- del Presidente de Estados Unidos puede, de un mes al otro, gravar con impuestos prohibitivos el ingreso a su territorio de los productos de la Unión Europea, Brasil, México, Canadá y Japón, que son socios naturales de Estados Unidos pero están sometidos a las decisiones imprevisibles de Donald Trump.

Y eso puede ser fatal para el comercio mundial, pero no es lo más grave del panorama actual.

La humanidad se está acostumbrando a convivir con atrocidades en la vida interna de los países: la drogadicción, el narcotráfico y el crimen organizado destrozan el destino de personas, familias y barrios.

Y por si fuera poco, la humanidad se está acostumbrando a considerar “normal” el ataque armado, la retención de rehenes y el bombardeo a civiles, sea en Ucrania y Rusia, sea en Azerbaján, sea en Israel, Gaza o Irán, sea en África.

La filosofía de los derechos humanos es pisoteada por el desprecio por la vida y el destino individual y colectivo.

Llamados a erguirnos en semejante escenario, los uruguayos debemos recogernos en nuestros mejores valores, redoblar los esfuerzos del pensamiento y afirmarnos como nación que quiere vivir en paz, con justicia y libertad.

Si el mundo entero pierde la cabeza, no la perdamos nosotros por contagio ni por imitación, porque entre nosotros mismos nos debemos recíprocamente el trato fraterno que manda la Constitución y no las salvajadas que nos informa la crónica policial ni las infamias que nos documentan los noticieros mundiales.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.