Se cumplen ya 23 años de la muerte de Alberto Castillo, acaecida en Buenos Aires, un día como hoy del año 2.002.
Había nacido en el barrio de Mataderos, el 7 de diciembre de 1914. Hijo de inmigrantes italianos, fue inscripto y bautizado como Alberto Salvador De Lucca Di Paola.
Proyectó su carrera artística al consagrarse como solista de la orquesta de Ricardo Tanturi, con la cual vocalizó piezas inmortales, como Noches de Colón, Ya sale el Tren y muchas más.
Se recibió de médico en 1942. Trabajó en ambulancias, fue ginecólogo, pero pronto debió dejar de ejercer la profesión, exigido por la carrera artística en que pasó a ser solista desde 1945, con presencia aplaudida en toda América y en toda España.
Con registro de tenor e impostación italiana natural, al pasar de la canzonetta al tango acentuó su fraseo, al punto que, en su voz, los poemas tangueros se vitalizaban sílaba por sílaba y en conjunto combinaban vigor del alma y ecos del arrabal. En radio, en teatro, en cine y en televisión, su presencia arrastró multitudes pero fue siempre polémica. Generó hinchas y detractores. Y tuvo el inmenso mérito de haber trabajado con grandes orquestas tangueras, con un órgano electrónico y con Los Auténticos Decadentes, manteniendo una profunda fidelidad a sí mismo.
Alberto Castillo fue precursor de las voces rioplatenses que amalgamaron pueblo puro con mensaje, valores y cultura. Fue un ídolo del tango que –como Gardel- no cantó sólo tangos.
Grabó milongas y candombes –muchos de ellos de autores uruguayos- y también grabó tonadas chilenas, valses peruanos, rancheras mejicanas y melodías del mundo, como este Vaya con Dios, de Russell, que insertamos como una afirmación del sueño de ritmo, melodía y poesía que imbuye las grandes tradiciones que inspiraron a El Cantor de los Cien Barrios Porteños y que siente y afirma Radio Clarín.