En el encuentro de Mandatarios realizado en Santiago de Chile hace una semana, el Presidente de la República Yamandú Orsi sentó conceptos que son válidos no sólo para un partido o para un período de gobierno, sino que merecen compartirse por encima de diferencias y de etapas.
Reclamó “autocrítica” para saber por qué la democracia pierde credibilidad, declaró tener conciencia de que “no estamos haciendo todos los esfuerzos para evitar el crecimiento de los extremos” ni para atajar “la pérdida de confianza en el diálogo y pidió “poner en valor la igualdad, la libertad y la democracia”. Asimismo, señaló que “En distintos rincones del planeta, la democracia enfrenta un momento de grandes desafíos”, porque hay “erosión de las instituciones”, porque avanzan “los discursos autoritarios y la desafección ciudadana” y todo eso es un conjunto de “síntomas de un malestar profundo».
El Presidente hizo bien en afirmar que, efectivamente, hay “un malestar profundo” y en asumir como responsabilidad de los gobernantes el rescate del diálogo y la credibilidad como freno a los extremismos. Pero, como bien se ha señalado, no basta la acción de los gobernantes, Además, hace falta la participación activa de los ciudadanos.
El régimen constitucional de la República Oriental del Uruguay reposa sobre la personalidad humana. Por tanto, si no revitalizamos a la persona -como ciudadano, como medida y como protagonista-, seguiremos reduciendo la democracia a la mera obediencia a los ritos electorales y parlamentarios, sin ponerles nervio ni vibración.
Llevamos décadas de silencio progresivo. Y en medio de ese silencio, cada vez más nos golpean brutalidades lejanas, como las matanzas en guerras absurdas y los aranceles punitivos de Trump; y cada vez más nos machacan brutalidades cercanas, tales como los crímenes narcos de cada día y los insultos soeces que usa Milei para denostar al que discrepe con él.
Esos horrores y esos dislates sólo merecen indignación. Y la indignación se expresa hablando en voz alta y no refugiándose en silencios cómodos o cobardes.
A nuestra democracia le hace falta una activa presencia ciudadana que nos enriquezca, a todos, con luchas de ideas.
Sólo así el fortalecimiento de nuestro honroso modo de vivir no dependerá de los gobernantes, sino de nosotros, los gobernados.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.