Sesenta y cinco días después de recibir múltiples disparos durante un mitin en Bogotá, ayer murió Miguel Uribe Turbay, senador de 39 años, precandidato presidencial para las elecciones de mayo próximo y fuerte crítico del Gobierno de izquierda de Gustavo Petro.
El ataque revivió un trauma colectivo que Colombia parecía haber dejado atrás: entre 1989 y 1990 fueron asesinados tres aspirantes presidenciales, en una espiral de horror y violencia que postró al país.
A diferencia de entonces, cuando era claro que Pablo Escobar libraba una guerra a muerte con el Estado colombiano, en el caso de Uribe Turbay no se sabe aún quién lo mandó matar.
Aunque desde el primer día fue capturado el sicario, un menor de edad de 15 años y en las semanas siguientes las autoridades han detenido a quien lo contrató y a otras personas que participaron del atentado, se desconoce aún quiénes están detrás del horrible crimen.
La duda por los motivos del crimen y la incapacidad del Estado para hallar a los que lo ordenaron muestran a la democracia colombiana en tensión y hasta en crisis.
Dolorosamente, en nuestra América soplan vientos de insuficiencia, falta de rumbo y debilidad.
Por ello, el pueblo oriental debe levantar la mira, buscando encuentros y coincidencias por encima de partidos, y, sobre todo, promoviendo la fraternidad en los debates.
En el mundo, “al grito de guerra, los hombres se matan” como cantó Gardel un siglo atrás. Pero hoy, en pleno siglo XXI, los hombres mandan a que sean asesinados niños y manipulan niños y adolescentes para masacrar a quien sea.
Ante ese cuadro –del mundo y también de nuestra América y de nosotros mismos-, debemos proclamar en voz alta nuestros sentimientos como personas, como gente, como pueblo y como ciudadanos que amamos vivir en democracia.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.