Una niña de sólo 13 años fue asesinada a balazos por el padre, que inmediatamente se descerrajó un balazo y a las pocas horas murió.

El hecho ocurrió en Maldonado, en el ámbito profesional de un centro interdisciplinario, donde la adolescente había acudido a una consulta con su fonoaudióloga.

La policía informó que el hombre ingresó al lugar e intentó llevarse a la menor; y ante la negativa de la niña, le disparó tres veces, matándola en el acto. La niña había nacido en Uganda y el contexto de su ingreso al país tendrá que ser investigado. Pero sea cual sea ese contexto y haya nacido en la inmediatez de nuestros barrios o en la lejana Uganda, el horroroso crimen nos conmueve, nos denuncia y nos interpela.

Sí: el crimen debe conmovernos, porque en el conjunto de brutalidades que se suceden día por día, sobresale por su infamia, ya que implicó el asesinato de una niña de sólo 13 años por su padre –o por quien oficiaba de padre-, un militar retirado con 58 años de edad –por tanto, un hombre a quien debía exigírsele criterio. Debe conmovernos por la niña como persona y como símbolo del mal destino de los migrantes del siglo XXI.

Esta muerte vuelve a denunciarnos que convivimos con submundos dominados por pensamientos ruines y por conductas abyectas, que no sólo provienen de las drogas y el crimen organizado. Anidan en las cabezas de grandes extraviados, que se han dejado dominar por pasiones y generan tragedias irreparables.

Esta clase de delitos nos interpela sobre qué estamos haciendo para reeducarnos como nación de paz y respeto, no sólo en las relaciones con los gobiernos que pasan, sino en los vínculos dentro de las familias, los compañeros y las amistades que quedan y deben quedar.

Como personas y como ciudadanos de un régimen republicano democrático, tenemos el deber de NO acostumbrarnos a vivir entre atrocidades. Y, sobre todo, tenemos el deber de responder a la barbarie con filosofías de vida que enaltezcan el amor como fuente de vida y no el odio y las bajezas como causa de homicidios canallescos.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.