El árbitro uruguayo Gustavo Tejera debió suspender el partido que, en Avellaneda, empataban 1 a 1 Independiente y Universidad de Chile por los octavos de final de la Copa Sudamericana.

El juez suspendió el cotejo por falta de garantías, cuando se jugaban apenas tres minutos del segundo tiempo; inmediatamente, la Conmebol convalidó la decisión de nuestro compatriota, tuvo al deplorable partido por definitivamente “cancelado” y resolvió enviar a la Comisión Disciplinaria los antecedentes de lo ocurrido dentro y fuera de la cancha.

Los hechos de violencia se iniciaron antes del partido, con intercambios de proyectiles que, aparentemente, habrían sido lanzados en primera instancia desde el sector visitante. Los chilenos estaban en un nivel superior atrás de un arco y desde ahí tiraron todo tipo de elementos y hasta una bomba hacia la bandeja baja, donde había hinchas de Independiente.

Los fanáticos de la Universidad de Chile destrozaron los baños, de los cuales arrancaron los objetos que fueron lanzando, entre los cuales hubo palos de mampostería e inodoros completos. En el entretiempo, incendiaron butacas. Por eso, en un clima de batalla campal, el juez uruguayo hizo muy bien en suspender el partido y la Conmebol hizo muy bien en cancelarlo.

Terminado el partido, no por eso se acabaron los incidentes. Tan es así que los 10 o 12 hinchas de Universidad de Chile que esperaron para salir del Estadio, fueron despojados de sus prendas, robados y golpeados, y algunos quedaron desmayados en las gradas. En la desesperación, uno se arrojó al vacío desde lo más alto de la tribuna. La prensa argentina habla de al menos 10 personas gravemente heridas, 90 chilenos detenidos y casi 300 demorados por la policía.

El sistema de seguridad privado no hizo nada. Y no menos de 100 barrasbravas de Independiente dieron la vuelta al escenario y fueron al encuentro personal con los chilenos, generando escenas bochornosas, que hoy dan la vuelta al mundo como lo que son: muestras de incultura que abochornan no sólo a los protagonistas chilenos y argentinos, sino a todo el vecindario hispanoamericano.

Los ilusos que sólo piensan en el poder material y el desarrollo económico deben enterarse de las desgracias que provocan las carencias culturales y deberían convencerse de que con estas salvajadas no habrá desarrollo capitalista ni socialista que salve a ningún país.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.