Un ataque aéreo del Ejército de Israel contra el principal hospital del sur de Gaza dejó ayer lunes 20 muertos, entre ellos cinco periodistas, incluyendo dos reporteros independientes que trabajaban para las agencias internacionales Associated Press y Reuters.
La colaboradora de Associated Press fallecida era Mariam Dagga, de 33 años. La joven trabajó como periodista independiente para esa agencia y para otros medios, desde que comenzó la guerra en Gaza, realizando informes sobre los médicos del Hospital Nasser, el mismo lugar donde murió, que luchaban por salvar a niños que, sin problemas de salud previos, enfermaban por inanición.
El camarógrafo Hussam al-Masri, que colaboraba con la agencia Reuters, trabajaba para esa agencia canadiense-británica.
A su vez la cadena de noticias Al-Jazeera –que apoya a los gazatíes del grupo terrorista Hamas- también identificó entre las víctimas fatales a un periodista de su nómina, Mohammed Salam. Y el sindicato de periodistas palestinos identificó a los otros dos periodistas fallecidos como Moaz Abu Taha y Ahmad Abu Aziz.
No conocíamos a las víctimas, los nombres de los periodistas no nos dicen nada sobre las vidas que tuvieron y perdieron.
Pero nos basta saber que murieron por misiles que impactaron en un Hospital para condenar el ataque, para solidarizarnos con las víctimas y para adherir al clamor mundial para que cesen la guerra que ensangrienta y avergüenza a Medio Oriente y a la humanidad toda.
Al fin de cuentas, fue en el Monte Sinaí que –según la fe judía y la fe cristiana- Moisés recibió de Dios las Tablas de la Ley, uno de cuyos Diez Mandamientos es “No matarás”. Resulta una infamia histórica que a poco más de 600 kilómetros del Monte Sinaí (la misma distancia que hay entre Montevideo y el Departamento de Artigas) se perpetren matanzas como las que vienen azotando a Medio Oriente desde hace ya tres años, cada vez con menos justificación y más hastío.
Los sentimientos de paz y fraternidad que inspiran a todos los hombres de buena voluntad y la vocación de paz que signa a la República Oriental del Uruguay, desde la letra y espíritu de su Constitución, condenan estos horrores y reclaman su cese inmediato.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.