El Tribunal Supremo de Brasil ordenó el arresto domiciliario del ex presidente Jair Bolsonaro, acusándolo de haber puesto en marcha la conspiración golpista que subsiguió a su pérdida de las elecciones en el año 2022.

El juez a cargo de la investigación de Bolsonaro, Alexandre de Moraes, afirmó que la decisión de arrestarlo se debió a que el ex presidente no cumplió con las medidas cautelares que se le impusieron en el mes pasado, entre las cuales figura la prohibición de insertar publicaciones en redes sociales.

Moraes, que fue sancionado por el gobierno de EE.UU., dijo que Bolsonaro había utilizado las redes sociales de sus aliados, incluyendo las de sus hijos, para difundir mensajes incitando ataques contra el Tribunal Supremo y la intervención extranjera en el poder judicial brasileño.

A su vez, el presidente de EE.UU., Donald Trump, ha calificado el juicio contra Bolsonaro de «cacería de brujas» e impuso aranceles del 50% a múltiples productos brasileños, lo cual constituye un castigo internacional insólito.

Más allá de los detalles y las responsabilidades de cada protagonista, el conjunto de estos hechos muestra un deterioro grave del respeto por el Derecho interno de Brasil y del acatamiento al Derecho Internacional por parte del gobierno estadounidense que ejerce Donald Trump.

Dolorosamente, el vecino del norte muestra debilidades institucionales al mismo tiempo que le aparecen a nuestro vecino del Oeste: la Argentina agrega al escándalo de las criptomonedas una dura acusación por coimas en los medicamentos para los discapacitados. Por encima de los detalles y las pruebas por controlarse, queda a la vista que ningún plan económico –incluso sostenido con vehemencia y hasta con insultos- puede pasar por encima de la sed de claridad y la necesidad de instituciones y elencos limpios.

Hay en nuestro vecindario gérmenes de corrupción democrática que es tanto o más dañina que las coimas.

No podemos ser indiferentes a nada de eso, si queremos evitar que nos lleguen las ondas expansivas de los contagios.

Con todos nuestros problemas y todas nuestras angustias, tenemos en el Uruguay un capital de salud republicana que debemos custodiar y acrecentar, con la gestión nuestra de cada día.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.