En el incendio que devastó una casa en Villa Española, murió un niño junto a cuatro adolescentes y dos adultos: en total siete personas.

La desgracia estremeció a educadores y psicólogos de la enseñanza Primaria y la enseñanza Secundaria. Junto a ellos, debemos conmovernos todos.

Conmovernos no sólo con la sensibilidad efímera que provocan las noticias que nos cruzan como vuelos de paloma, sino con la conciencia permanente de que la vida está llena de alegrías y esperanzas pero nos tiene siempre al borde del peligro, el dolor y la tragedia.

“Cosas así nos pueden pasar a nosotros” dijo bien la vocera de Bomberos, señora Victoria Barboza; y a todos nos toca saber que ese “nosotros” no implica sólo a los profesionales de la lucha contra el fuego. Nos abarca a todos, ya que todos vivimos en la frontera misma con el descuido, la imprudencia y la tragedia. Por lo cual, siempre debemos tener presente que «Para que se produzca una tragedia solo hace falta una oportunidad», como bien dijo la señora Barboza al efectuar “un llamado a la población” para que tomemos conciencia de “lo importante que es la responsabilidad también que tenemos en el hogar”.

En realidad, en la caída de los sentimientos y en la banalización de todo, hemos perdido el sentimiento trágico de la vida a que muy bien nos llamaba Unamuno, hemos paralizado la reacción y la reflexión ante la desgracia ajena y hemos dejado de sentir y sufrir con los desdichados. Con lo cual, lo que hacemos es achicarnos a nosotros mismos.

Por eso, ante la muerte de siete prójimos en un incendio, llamamos y nos llamamos a reflexione y decisiones que nos transformen en un pueblo consciente y alerta, para que no volvamos a tener más tragedias como ésta que hoy nos enluta –debe enlutarnos- a todos.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín