Mañana será 20 de setiembre, fecha consagrada como Día de la Libertad de Pensamiento porque el 20 de setiembre de 1870 –hace 155 años- las fuerzas patrióticas que luchaban por unificar a Italia entraron en Roma, derrotando al Vaticano y acabando con un régimen político fundado en un Derecho al que se atribuía origen divino.

El triunfo fue épico para las fuerzas republicanas. Y simbólicamente -y también realmente- fue la derrota del dogmatismo. Abrió la esperanza para un renacimiento de la Razón y de la Libertad de Conciencia, cuyo valor venía de antes: en 1789 la Revolución Francesa, en 1776 la Independencia de los Estados Unidos de América, y dos siglos antes los pasajeros del Mayflower habían proclamado la libertad de conciencia.

Y mucho antes aun, hubo jalones de la historia que se forjaron por el valor y la valentía de la conciencia: los mártires cristianos, afirmando su fe por encima del poder del Imperio Romano-, y Sócrates –cinco siglos antes de Cristo- sacrificando su vida por sus convicciones, abrieron huella para la libertad de pensar, de sentir y de creer.

La libertad de pensamiento siempre ha sufrido los embates de la fuerza bruta: en la evolución humana, el salvaje no escuchaba razones y atacaba y se defendía por instinto. Pero hubo un momento en que el hombre empezó a contar y a comunicar. El primer hombre que se dio cuenta de que cuando sumaba piedras hacía la misma operación mental que cuando sumaba cocos o sumaba bananas, descubrió la abstracción del pensamiento.. y se abrió al prójimo.

Dolorosamente, la conquista de las verdades vino con la semilla del fanatismo. Y por eso, al mismo tiempo que crecía la capacidad del pensamiento crecieron también la intolerancia, el fanatismo y la persecución. Ocurrió así hace siglos y sucede hoy, a esta misma hora, en naciones que no han salido del oscurantismo; y también en pueblos que, siendo líderes en racionalidad tecnológica, se enzarzan en guerras sin piedad y se dejan atrapar por brutalidades que arrasan con la libertad de pensar.

El Día de la Libertad de Pensamiento merece conmemorarse para afirmar el derecho y el deber de pensar, manteniendo alerta la conciencia propia para sembrar destino propio.

Se puede tener mucho o poco, se puede ser dependiente o independiente, se puede dominar la vida propia o estar confinado en los límites impuestos por una enfermedad o una desgracia, pero aun en la peor de las situaciones, pensar –seguir pensando- es un derecho y es una obligación que dulcifica la esperanza.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.