Sobre las ocho de la noche del domingo, un adolescente de 15 años fue atacado a balazos en el centro del Reducto, donde Burgues se bifurca de San Martín.
El menor fue trasladado por particulares al Hospital Policial. Allí ingresó con un disparo en el costado derecho del pecho sin orificio de salida de la bala, otro disparo en el brazo y un tercero en el muslo derecho.
En menos de 24 horas, ayer lunes murió.
Cuando acudió la Policía, en el lugar del crimen no aparecieron ni casquillos de bala ni indicios ni rastros de los autores. En consecuencia, la investigación deberá orientarse a averiguar los vínculos en los submundos criminales, que pueda haber tenido la víctima –repetimos, de sólo 15 años- o que puedan tener sus familiares. No puede descartarse que el caso sea uno más entre los muchos que no se resuelven y quedan encarpetados, hasta que aparece –o no- alguna pista que los esclarezca.
También anoche, en La Cruz de Carrasco, fue acribillado un joven de 19 años que ingresó al block quirúrgico del hospital Pasteur con ocho impactos de bala en distintas partes de su cuerpo, sin que los médicos pudieran reanimarle. El desenlace trágico siguió a la macabra escena del crimen, cometido en la intersección de Antonio Pereira y Oncativo, donde un familiar de la víctima lo halló tirado en plena vía pública tras oír una pavorosa ráfaga de disparos desde el interior de su domicilio.
A todos nos resulta claro que debe importarnos que nuestro Estado de Derecho castigue a los delincuentes con todo el peso de la ley, por lo cual debe dolernos cada crimen cuyos autores quedan sin identificar.
Pero desgraciadamente, no a todos les resulta claro que, ante la ola de disparos barriales con resultado muerte, tenemos el deber primordial de condolernos con las víctimas, indignarnos y alinearnos del lado de la ley, contra el delito.
No es propio del Uruguay que caigan acribillados chicos que están apenas en edad liceal y a veces niños en etapa escolar- y que la sociedad espontánea se quede callada, cruzada de brazos, como si el tema fuera cosa de otros y no nos atañera a todos.
No puede ser que en el recuento noticioso de cada jornada, los crímenes se hayan convertido en una sección fija más, que se transmite sin emoción y sin sangre en las venas.
Si el crimen organizado avanza con la crudeza que todos sabemos, debemos cuidar que no nos aniquile la sensibilidad, que fue, y debe ser, parte del mejor capital del alma uruguaya.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.