El Dr. Rafael Radi pronunció, ante socios e invitados del Rotary Club Aguada, una conferencia sobre el lugar y la importancia de la ciencia en el Uruguay. En ese atrio pudo hablar con libertad, sin limitarse a responder las consabidas preguntas del periodismo sobre el combate a epidemias y las luchas presupuestales. Hablando con llaneza y simplicidad, desgranó ideas que debemos meditar como personas y como ciudadanos.
Todos conocemos y valoramos al Dr. Radi por ser uno de los grandes científicos uruguayos que cimentaron la lucha nacional contra el covid. Todos sabemos que es interlocutor en centros mundiales de ciencias biológicas y médicas. Y a todos nos enorgullece que nacido en Belvedere e hincha de Liverpool, integre sociedades de sabios y que, siendo laico y actualmente agnóstico, sea miembro de la Pontificia Academia de Ciencias del Vaticano, tachonada de Premios Nóbel.
Pero el Dr. Rafael Radi no es sólo eso. Su visión global de la ciencia sobrepasa su trayectoria y sus títulos. Sienta las bases de una filosofía de la ciencia, que se empotra en un realismo –un realismo recuperado después de décadas de relativismo absoluto y de funcionalismo inmediatista. Llama a mirar horizontes amplios, desde la pasión incondicionada por la búsqueda de la verdad, siempre revisable, casi siempre esquiva pero invariablemente valiosa.
Las ideas del Dr. Radi nos convocan a vivir la ciencia como parte de nuestro ser nacional, en vez de colocarla a un costado, como una isla conceptual para especialistas, un lujo para pocos o un tema para la discusión presupuestal.
Presidente de la joven Academia Nacional de Ciencias del Uruguay, el Dr. Rafael Radi honra la tradición en que se formó, al costado del Dr. Roberto Caldeyro Barcia, el eminente perinatólogo que creó el Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas, el PEDECIBA, apoyado en la verdad que enseñaba Clemente Estable cuando proclamaba que “Con ciencia grande no hay país pequeño”.
En un mundo atravesado por atrocidades, en un país cundido de delitos y de errores lógicos y en una época donde todo se fragmenta y clasifica por banderas políticas, el Uruguay tiene que enterarse de que la ciencia es uno de los caminos que deberán reconducirnos a la unión mediante el diálogo, la reflexión y la razonabilidad.
Y esa unión nacional es, cada vez más, un imperativo de orden público.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.