Ante la epidemia de agresividad, debemos restablecer el respeto a las personas y la pasión por su libertad.

La Justicia imputó penalmente a la madre que encabezó la brutal agresión que se perpetró una semana atrás en la escuela 123 de Jardines del Hipódromo. La encausada quedó sometida a prisión domiciliaria, tan sólo con permiso para salir a trabajar de 07.00 a 15.00 pero con la expresa prohibición de acercarse al centro escolar, a las víctimas y a los testigos.

La formalización es por los dos delitos de violencia privada cometidos contra una maestra y contra la directora de la escuela más un delito de lesiones personales agravado, y agresión a los trabajadores de la educación, a lo cual se suma la omisión a los deberes que impone la patria potestad.

Esa troja de delitos se cometió en escasos minutos, con premeditación y alevosía; y está muy bien que se los determine con precisión, en respuesta a una agresión múltiple que sólo merece repudio.

Pero el caso no debe darse por cerrado con la actuación de la Justicia, ya que el ataque grupal en la escuela de Jardines del Hipódromo fue tan sólo un caso extremo, dentro de una seguidilla de destratos, golpes e insultos que son cada vez más frecuentes en el quehacer de la educación.

Es hora de mirar los hechos de frente y restablecer la escuela con normas, con calificaciones, con inspiración y con valores.

La escuela en que todo vale, todo sirve y todo se aguanta desemboca en agresiones y disturbios.

No es esa la enseñanza vareliana que debemos impartir.

Por lo cual, debemos recuperar la enseñanza en que la libertad y el respeto sean dos caras de la misma moneda y las vivamos como sinónimos.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.