En las elecciones cumplidas el domingo pasado en Chile, la izquierdista Jeannette Jara –militante del Partido comunista- logró la primera mayoría relativa, con el 26,8 %. A su vez, José Antonio Kast –ultraderechista por prédica y trayectoria- resultó segundo, con un 23,9 % El 48 % restante se dividió en varios partidos, entre los cuales predomina inequívocamente la derecha.
En esas condiciones, Jara y Kast van a una segunda vuelta electoral, que va a cumplirse el domingo 14 de diciembre.
De hecho, el balotaje chileno se plantea como un símbolo de la polarización absoluta que viene expandiéndose en la época actual. Los partidos centristas y centrados -como el Radicalismo y la Democracia Cristiana- que le dieron etapas que juntaron la libertad y la justicia social.
Lo ocurrido el domingo en las urnas de Chile es el resultado de que también llegó al hermano pueblo trasandino la moda mundial de confrontar más por nombres que por ideas, reduciendo la libertad a mera libertad de comercio, abandonando las luchas de ideas que son los frutos más preciados y sabrosos de la verdadera libertad, que es la libertad de pensamiento.
Esa tendencia es la que ha suprimido los debates de líderes convencidos y los sustituye con propagandas contratadas y con falsedades e insultos desplegados irresponsablemente en las redes.
Lo que resulta de esa manera de hacer política son gobiernos que podrán decirse de derecha o de izquierda, pero en ambos casos han de carecer de miradas a distancia por no haber cultivado el pensamiento, la doctrina y la filosofía de las instituciones democrático-republicanas.
El Uruguay hizo la mejor experiencia cuando sus instituciones se apoyaron en la nitidez de un pensamiento activo reflejado en una opinión pública alerta, que creaba a partir de diálogos y no se guerra de clases ni descalificaciones políticas.
Ese camino no ha sido superado por ningún ensayo extremista. Por lo cual, nosotros tenemos que revitalizar los caminos del diálogo y el entendimiento para el bien del país, en vez de azuzar los extremismos que no sirven para edificar ningún futuro bueno.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.