La directora de Desarrollo Social de la Intendencia de Salto, de nombre María Eugenia Taruselli, presentó su renuncia al cargo y el intendente Carlos Albisu la aceptó, agradeciéndole “los servicios prestados, la dedicación puesta de manifiesto en la tarea que venía desarrollando y su compromiso con el gobierno departamental”, que inició su gestión hace cinco meses.
La dimisión sería apenas un episodio interno de la Intendencia de Salto, si no fuera que la renunciante tuvo que irse como consecuencia de haberse difundido la grabación de lo que dijo en un comité partidario. Allí manifestó: “Cuando me dieron la dirección de Desarrollo Social, estuve a punto de no agarrar porque no era lo que yo quería. Albisu lo tiene claro.”
Y para que fuera más claro agregó que el sueldo que ganaba no le importaba, usando palabras obscenas de base genital, las cuales más que descalificar el sueldo descalificaron a la boquita que las profirió y descalificaron su aptitud para desempeñar toda función pública, y muy especialmente en un cargo que llama al respeto y la solidaridad, como es una Dirección de Desarrollo Social.
El episodio deja la enseñanza de que nadie debe aceptar una función contraria a su vocación y de que en los repartos político-partidarios no debe adjudicársele cargos a gente sin vocación para desempeñarlos.
Pero además, este caso ha vuelto a evidenciar cómo baja la calidad del pensamiento cuando la persona se acostumbra a pensar con palabras soeces que implican no sólo ordinariez en la expresión, sino ordinariez en el modo de razonar.
Todos usamos palabrotas, que a veces son las únicas que corresponden. Pero aplicar las palabrotas a denigrar el trabajo que se obtiene por designación política ofende no sólo a la función pública que se desempeña sino –sobre todo- a los necesitados que reciben los servicios.
Por esas razones, no entendemos que a esta singularísima Directora saliente, el Intendente de Salto le haya agradecido los servicios, la dedicación y el compromiso… ignorando que en realidad tuvo que irse del cargo tras haber demostrado con palabrotas inequívocas, que carece de aptitud moral y cultural para desempeñarlo.
Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.