Hoy es el Día Universal de los Derechos Humanos.

La fecha conmemora la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que se solemnizó el 10 de diciembre de 1948 en París, en el Palacio de Chaillot, donde se reunía la Asamblea General de las Naciones Unidas antes de que la ONU construyera su sede permanente en Nueva York.

Desde que se aprobó la Declaración, han corrido 77 años.

En estos dos tercios de siglo, hay muchas naciones donde realmente progresaron los derechos de las personas.

Pero sería hipócrita celebrar el Día de los Derechos Humanos ocultándonos la cruda realidad de que el ser humano es atropellado en todas las latitudes del planeta.

La guerra ha privado a pueblos enteros de sus derechos básicos, siendo Medio Oriente y Ucrania los casos más notorios pero no los únicos.

En múltiples países el que atropella los derechos humanos es el Estado, al montar dictaduras que pueden decirse de izquierda o de derecha pero persiguen, encarcelan y matan por igual –cualquiera sea su bandera. Y en todo Occidente, se enseñorean grupos de poder privados que corrompen mediante coimas, explotan vicios en nuevas oleadas de proxenetismo y asesinan sin piedad, armando mafias que desafían al Estado de Derecho.

El descenso del pensamiento público, la pérdida de voluntad personal y colectiva y la difusión masiva de la drogadicción hacen que millones de personas vivan debajo de lo que podrían y deberían ser.

Si a eso se agrega que hay fortunas insultantes y que las democracias se están quedando sin elencos de fuste y eligen fanáticos y hasta psicópatas, no podemos festejar este Día de los Derechos Humanos como fecha de victoria, pero debemos sentir el llamado de conciencia a vivirlo como confirmación del compromiso nacional y mundial con el más alto ideal que haya concebido la humanidad: el ideal de vivir todos en el gran pacto de libertad y justicia que consagró la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, redactada en París en 1948 a partir de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano que inmortalizó la Revolución Francesa en la noche del 26 de agosto de 1789.

Ese compromiso debe sostenernos e impulsarnos en cada jornada y en cada gesto, reeducándonos todos para vivir en fraternidad.

Así lo siente y así lo afirma Radio Clarín.